Dicen que los viajes ilustran. Y yo, en mi renacimiento,
necesitaba de una ilustración. Para seguir con mi metáfora
histórica, cabe decir que las ilustraciones, inevitablemente preceden a
una época de terror que hay que afrontar.
Así que fuí en búsqueda de la verdad, y según mis cálculos podría esta encontrarse en Cholula,
Puebla. Resulta que ahí, tanto mi asesor de tesis de maestría, como el
gurú de la visión computacional y los modelos bayesianos, Sucar, se
habían asentado, en el centro de investigación INAOE.
Por lo que fuí en busca de su consejo. Pero limitar a esto los
motivos de mi andaza sería ridículamente hipócrita: también estaba ver
a BX. Para mi era muy importante ver a BX, olerla, tocarla, saber
si era real, y no sólo el flujo de bytes que se presentan en mi
mensajero instantáneo; demostrar que su enriquesedora conversación no
era la simple ejecución de una deus ex machina que pasaba la prueba de Turing. Era importante redescubrirla así, menuda y radiante, como las lenguas de fuego, entregadas sólo por el espíritu santo.
El
lunes temprano abordé el camión hacia México Norte y de ahí transbordo
a Puebla. CAPU, la Central de Autobuses de Puebla, me dejó
pasmado por su tamaño. Es una terminal enorme, donde hay que cruzar un
puente para ir a la zona de taquillas.
Como hecho
realmente impresionante, me encontré a un conocido ahí mismo, en
CAPU. Un acto de casualidad de probabilidades minímas. Como
si hubiera viajado en un camión de materia improbable. Era Jorge, un
chico que trabajó (creo que el único que realmente lo hizo) en el
verano pasado en el laboratorio del Tec. Me tomó de sopresa por
la espalda, y después del natural sobresaldo, el afectuoso
saludo. Él iba hacia Orizaba, su ciudad natal. En la zona
de taquillas nos despedimos.
Una vez ahí, me puse mi
"P" de turista en la frente y me puse a preguntar por la ruta que me
llevara a Chipilo. Resultaron ser unos camiones interurbanos cuya
base esta a un costado de CAPU. Me subí a uno de ellos y me senté
hasta adelante.
Déjenme compartirles que destesto hasta las
barbas sentarme en los primeros lugares de los camiones. Esos lugares
son para señoras embarazadas, lactántes y de edad avanzada.
Es decir, si llegas a sentarte ahí, la posibilidad de tener que ofrecer
el lugar es de un 90%, y si por alguna razón estás descuidado y no
reparas, la mirada de estas personas se vuelve homicida, insultante, el
responsable y depositario de sus resentimientos. Es mejor ir
parado si no hay lugares más atrás.
No obstante la ocasión
ameritaba el suplicio. Me senté en el primer asiento, atrás del chofer,
a quien había pedido me advirtiese de la llegada "al
observatorio". Subieron toda la clase de personas previamente
dichas, y las ignoré con toda ignomina.
El trayecto fue largo,
algo así como una hora. Llegué al INAOE; me detuve en la caseta
de vigilancia; pregunté por el cubículo de BX; me indicaron un teléfono
y marqué; me contestó; esperé por ella. Sí, era ella, estaba ahí
realmente, tal como mi memoria la mantenía, tal vez un poco más libre,
un tanto más perpleja, más feliz en definitiva.
El resto del día
se fue en comer y platicar. Cholula es un pueblito muy
pintoresco, con trazado muy geométrico; las calles, al igual que la
capital del estado, tiene nombres númericas; las Iglesias parecen Oxxos
(una en cada esquina); la ciudad milenaria parece que se ha quedado
como en su primer centenario y eso transmite tranquilidad, lentitud,
cordialidad, bonhomia. Su vista del Popocatépetl y el
Iztaccíhuatl es envidiable para cualquier defeco.
Descubrí una trágica verdad: la red presta una sensación
de protección y por eso los sentimientos pueden expresarse mejor a
través de ella. Además en la boca no hay backspace antes del
enter. Y esta concepción es terrible, horrorosa, debe derribarse
como al muro de Berlín.
Al día siguiente, todas las horas se
fueron en intentar obtener una conexión inalámbrica a Internet.
Ahí autentican por la MAC, lo que orilla a la monserga de pedir acceso,
darndo tu correcta dirección física y tu necesidad de la red (acaso se
necesitan de pretextos para estar en el aire). Depués hubo que
buscar zonas con cobertura. La biblioteca no tiene. Pero no
hay mal que por bien no venga: pude leer sin interrupciones un par de
artículos.
Otro día vino y con él Morales y Sucar.
Primero platiqué con Enrique. Me compartió los proyectos que
tienen en mente, que posiblemente puedan ser temas para un programa de
doctardo. Y como aún no había llegado a su cubículo Eduardo, me
llevó con otro investigador que no conocía, Ariel, quien amablemente me
contestó mis dudas de matriculación, procedimientos y becas. Rato
después vimos a Eduardo. Yo creo que en ese momento traía yo cara
de camello parsimonioso, porque apenas sonrió en gesto de salutación,
me presumió sus aventuras en Perl y me preguntó sus
entrecruzijadas. Y de nuevo nos metimos en detalles de proyectos,
asistencias y otros tejemanejes.
Lo
mejor llegó con la conversación con BX en la velada: "Vine aquí
en búsqueda de alguna señal que me indicara mi destino", le dije; "Esas
señales no vienen en pancartas gigantes llevadas por un avión",
me contestó. ¿Cómo entender o fijar la mirada en esos pequeños mensajes
que le susurran a la consciencia qué dirección tomar? A veces se ven en
un volado, a veces en una decisión visceral, otras con un mensajero no
presagiado.
El jueves llegó y debía
despedirme de BX. Quedo en deuda con ella por su generocidad y
amistad. Misma ruta, dirección contraria. Hacia CAPU y luego
Estrella Roja hacía Cuernavaca.
Estrella Roja es una mierda de
línea de autobuses. Si les es posible evítenla. Además
cruza por el Cañón de Lobos, sumando la película hedionda, la gente que escupía dentro del camión y el olor de la unidad, llegué con el estómago apunto de salirse por la boca.
Le
hablé a Sergio y me dijo que cayera al Tec. Y como si estuviera
moviéndome a través de una pesadilla, tomé la ruta 18 y llegué al
campus. Fuimos rato después a comer y de regreso nos encontramos a
Alberto, quien nos saludó muy amablemente y nos invitó a su casa a
pasar la velada con unas cervezas.
En casa de Alberto, donde
estaba su esposa, su hijo y un amigo de él, conversamos, bebimos y
comimos tacos. Alberto es una estupenda persona y me agrada que
yo le agrade, porque le tengo mucho respeto a su incomprensible trabajo doctoral.
La primer desvelada de la semana: llegamos a la casa de Sergio a las 2am.
Al
día siguiente, fuimos al laboratorio, el viejo laboratorio. El
cumpleaños de Gwendy era el sábado y yo quería regresar ese mismo
viernes para estar en la junta del GLIB. Pero Gwendy, con su chantaje,
me hizo entrar en razón. Por otro lado, ya había llegado BX de Cholula
y nos fue a visitar al laboratorio de nuestros recuerdos. Pero el
encuentro fue frustrantemente efímero, teníamos que irnos a la obra de
teatro que habíamos prospectado. También, en ese momento recordé
que mi objetivo de haber ido a Cuernavaca era sacar la factura del pago
de colegiatura, así que corrí para hacer esto.
La obra de teatro fue en el Centro Morelense de las Artes y llevaba como título Amor sin edad, una versión libre de la película y postrer libro Harold and Maude.
La frase final de la obra cubre gran parte de su mensaje: Atrévete a
ser humano. Emotiva, aleccionadora, incitante. "Arrojarme en
principio es que tengo". Arrojarse es ser humano, con toda su debilidad
y su fuerza. Las reglas son para los mal intencionados. La vida
debe succionarse con fuerza y decisión. No habrá víctimas
colaterales si el amor está siempre presente. Salí de la obra
estupefacto. Debo acercarme al teatro.
Terminada
la función y en los patios del viejo edificio nos encontramos con
Gwendy, Sheila y Remedios, quienes no pudieron entrar debido a su
dilación. Pero de ahí nos fuimos al Sanborns de Plaza Cuernavaca
con el fin de esperar a los pipopes preciosos que llegarían para
festejar a Gwendy. Ahí conocí a Rocío y Omar, Rubí, y Juan y
Karla. Todos amigos de Gwendy y Sergio durante sus años de estudiantes
en la BUAP.
Esa
noche, entre Sergio, Omar y yo, la conversación, rociada con cerveza,
giró alrededor de las figuras fiscales y legales para conformar una
empresa, mientras que las niñas se encerraron en su habitación.
Sólo percibíamos su ocasionales carcajadas. Esta noche juntamos
las pestañas hasta las 4am.
Sábado. Festejaríamos el
cumpleaños de Gwendy ese día. Comida a plenitud con considerable
cantidad de alcohol.
Debo
aceptar mi culpa, la junta del GLIB del mes de marzo la organizé desde
mi estancia en el INAOE al vapor, ya que los anotados para su adopción,
simplemente desaparecieron al último momento. Inopinadamente supuse que
estaría el sábado en Celaya. Pero el mencionado chantaje hizo
efecto, pero aún así tenía que avisar en la página que no podría
ir. Por lo que en esa mañana, mientras todos se decidían entre
zambullirse en la alberca o ayudar en la cocina, yo me colé a la calle
con dos objetivos: comprar mi boleto de camión (para esa misma noche o
para el domingo), y poner en sitio del GLIB las razones de mi ausencia
de la junta. Así que salí en busca de un café internet, lo cuales
abundan excepto cuando necesitas uno.
En Palmas, la zona donde
esta la Estrella de Oro, que es la línea que uso para ir de Cuernvaca a
Querétaro, busqué por un rato un ciber y lo encontré después de
caminar un buen tramo. ¡Qué horror! Las máquinas más lentas que
he usado en mi vida, ni cuando tenía mi vieja 8088 me desesperaba así.
No se ni cómo pero pude completar mi tarea más además de prometerle a
BX que iría de visita a su casa esa misma tarde. Saliendo de ahí compré
mi boleto para el domingo en la noche. Disfrutaría el fin
completo en la ciudad de la eterna primavera.
Regresé a la
fiesta. Ya estaba comenzando el ambiente. Habían llegado Sheila,
Remedios y una chica y un chavo, también ambos del trabajo de Gwendy.
De los pipopes preciosos llegaron Juan y Karla con su primogénito:
Hércules, un hermoso y mimado sharpei, alimentado con croquetas de $100
pesos kilo, agua purificada y bañado con Pert plus. Me sentí muy
orgulloso de que Gwendy y Sergio me hallan convidado de su mundo
personal, de sus amistades, de su espacio reservado. Fui
privilegiado. Privilegiado por doble partida: con BX y con
G&S. No queda más que dar a cambio que una total gratitud. Gracias.
Como
le había prometido a BX que pasaría a su casa, me abustuve de
beber. Sería una tontería llegar a casa de sus papás oliendo a
alcohol. Finalmente, viendo la hora adecuada y los efectos del alcohol
en los demás, me escabullí para cumplir mi promesa. Llegué, BX me
ofreció café y charlamos. De pronto mi celular timbró: Era Gwendy
reclamando mi ausencia. Me sentí mal. Si me había quedado en
Cuernavaca era por ella. No obstante, a instancia de Gwendy, BX
aceptó darse una vuelta en la fiesta. Pidió permiso y fuimos.
Gwendy
nos recibió con chorros de agua jugando con una pistóla acuática.
Supimos de inmediato que ya estaba más allá del bien y del mal.
BX
estuvo algo así como una hora en la fiesta. Primero Sergio le
mostró sus avances en pintura y luego Gwendy la entretuvo. Y así
la llevé de vuelta a su casa, temeroso de que su papá me recibiera a
punta de escopetazos o algo peor. Empero todo salió bien, no hubo
lesionados.
Regresé a la fiesta. En el camino de regreso
tuve mi epifanía, supe exactamente qué hacer en mi regreso a Celaya:
tenía que dejar de vivir en casa de mis papás. Le mandé un
mensaje al Ugly preguntando por el depasónico de sus madre, el cual
renta amueblado, y amarramos el asunto. La epifanía continuó,
visualizando cada cosa que tendría que hacer a mi regreso. A partir de
ese instante me sentí muy tranquilizado.
Ya en la fiesta nunca llegaron los ánimos necesarios para beber
a fondo y me dediqué a integrarme con los agradables pipopes.
Buena gente. Me dejó un gratísimo sabor de boca la manera en como se
llevan: con confianza, sin tapujos ni cortecías mediocres. Se notaba
que su amistad estaba templada en buena lid, y la confianza es
absoluta. Tan es así que hasta me destapé con toda clase de zandeces y
barbajanerías que nos hacían reir. Ya muy entrada la noche,
cuando el novio de Fanya arribó de improviso, me animé a poner al Grupo
Marrano por un momento.
Por ahí de las 3am caí rendido.
La
mañana siguiente fue de cruda y desvelada. La comida había sobrado en
demasía y la desayunamos y también la comimos. Ya por la
tarde fuimos a la colonia Tres de Mayo a comer helado y que Omar y
Rocío compraran algún detalle para su hija Natalia. Después nos
despedimos de los pipopes preciosos y regresamos a tirar la barra en la
casa. Gwendy y yo chismeamos un ratico y vimos la televisión.
Cayó la noche y Sergio me llevó a la terminal de Estrella de Oro donde abordé el camión de vuelta a Celaya.
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