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February 2009

24 February, 5:23pm

Estos días han sido días de entroido en Galicia. A Coruña no fue la excepción, aunque me comentan que no es nada representativo de los que ocurren en otras partes de la región. Sin embargo, se agradece el día libre otorgado para que la gente pueda salir a las calles con menos cargo de conciencia.
Animado por Berto, y con un disfraz de él, salimos a las calles del lunes pasado. Él disfrazado de Clint Eastwood y yo de muerte. En la ciudad vieja no encontramos con otros colegas también disfrazados. La última vez que me disfracé fue cuando estaba en primaria para una fiesta de la cual prometí no volverme a disfrazar. Pero ya fueron tiempos pasados e hice un esfuerzo para no poner reparos. Y me divertí mucho.
Me puse a recordar, sin que mi memoria pudiera especificar fuentes, sobre la función psicológica de las máscaras. Se utilizan máscaras desde que el mundo es mundo. En el teatro griego, las máscaras ya eran parte de la indumentaria. La máscara nos permite ser otros, nos permite reinventarnos, ser lo que fantaseamos, sólo tendremos la máscara, esa licencia del ser para finalmente ser, por un breve espacio de tiempo.
Pensé en las míticas noche de carnaval venecianas. Junto antes de la cuaresma, el mundo occidental decide darse un escape entre el fin del invierno y el luto ritual. Y para escapar se da permiso de reinventarse, de ponerse una máscara y ser lo que de manera corriente no puede ser. También especulé sobre la importancia de los carnavales en ciudades pequeñas, donde la gente no puede ser anónima, no puede escaparse de la imagen que todo su mundo les impone, y las máscaras se vuelven una gran válvula de escape.
A cada paso que daba veía disfraces que me hacían querer haberme disfrazado igual. Cosas realmente geniales: vacas, monjes tibetanos, caza fantasmas, mexicanos de ocasión, conquistadores, indios, vaqueros, etc. Pero me impresionaron J. y M. quienes se disfrazaron de sexys rubias, con minifaldas, blusas entalladas o medias negras. Su grito de guerra era "¡las rubias no somos tontas! ¡las rubias no somos tontas! "R", "U"... .... ¡las rubias no somos tontas!", pero la mejor frase se la llevó J.: "qué jodido es ser chica, me aprietan las medias, las tetas y este pelo se me mete a los ojos". Por otro lado, algo que atrajo mi atención fue el hecho que las chicas, de buenas a primeras y sin previo aviso, les metían mano en las tetas falsas, o les levantaban la falda u otros tocamientos atrevidos. Y claro, ellos encantados. Pensé que sería interesante en otro carnaval disfrazarme de chica.
También me sorprendió una batucada en medio de la calle. Me sorprendió que, a pesar de la latitud y el clima frío, la alegría y el calor característico de nuestros pueblos, se hace patente. Me sentí bien.

15 February, 4:32pm

Hay un par de recuerdos del viaje a Bruselas que siguen en mi cabeza. El primero es cuando íbamos en el tren de cercanías del aeropuerto a la ciudad. Se sentó a mi lado un pakistaní que no contaba cuanto tiempo llevaba en Bruselas y lo mucho que le gustaba la ciudad y nos explicaba en qué estación bajarnos para tomar el metro. Entonces preguntó de dónde éramos. Cuando llegó mi turno, no me preguntó de dónde era, sino si yo también venía de Asia. Yo creo que al ver mi rostro de sorpresa, corrigió y me dio la alternativa de ser de latino américa. De México, externé y esbozó una sonrisa. Creo que es la segunda vez que me preguntan si soy de la India, o en este caso, de Pakistán. Me divierte cómo a veces la gente no sabe de dónde soy y sus especulaciones resultan bastante exóticas.
La siguiente fue cuando fuimos a desayunar por segunda ocasión en un café Häagen Dazs. Claudio comentó que en wikipedia decía que Häagen Dasz es una empresa estadounidense fundada por emigrantes polacos, es decir que de europeo no tiene ni el nombre (no significa nada en ningún idioma). Entonces Joaquim expresó su decepción: "¡caray! creí que era empresa europea de buen gusto, y resultó ser tan vulgar como un Starbucks". ¿Qué decir? Con vergüenza confirmo que me gusta la vulgaridad gringa: si veo un Starbucks no puedo evitar entrar y ordenar un Caramel Macciato.

11 February, 12:31pm

El fin de semana pasado fui a Bruselas para asistir al FOSDEM 09 (Free/Opensource Software Developers' European Meeting) junto con otros igalos. Partimos el viernes por la mañana para volar a Madrid y de ahí saltar a Bruselas.
El vuelo a Bruselas salió con retraso pero llegamos sin mayores problemas. El aeropuerto internacional de Bruselas resultaba, en comparación de Barajas, un sepulcro: silencioso, la gente moviéndose como almas en pena a lo largo de los pasillos. El bullicio latino por un momento lo llegué a extrañar.
El hotel resultó ser una sorpresa: es más bien como un piso, más que una habitación de hotel, ya que cuenta con una cocina completa con vajilla y utensilios. Le llaman al concepto apart'hotel. ¡La segunda habitación incluso tenía escaleras adentro!
La primer noche fue el FOSDEM Beer Event. Aquello fue una epifanía. Los mexicanos se nos educa para pensar que tenemos la mejor cerveza del mundo, y vaya, no es mala, ¡pero vivimos limitados en nuestra variedad de consumo! No salimos del oligopolio Cuahtemoc Moctezuma / Grupo Modelo y al final sólo bebemos variedades de un mismo sabor. Recuerdo la cerveza Casta que llegó para ofrecer al mercado una alternativa, rápidamente fue adquirida y retirada.
En fin, volvamos a esa noche. El evento se realizó en el Delirium Café, un bareto que se enorgullece de tener una colección de más de 2000 cervezas, aunque aquella noche sólo servirían de barril, y su oferta era considerable. Siendo franco no pude probarlas todas, pero las que pude paladear, me dejaron impresionado. Tanto así que pillé una borrachera tremenda, al grado de no recordar si fuimos o no a un Kebab a cenar por la madrugada. De las que recuerdo que tomé, fueron la Chimay, la Delirium tremens y la Delirium Nocturnum, Leffe, una Blanch (que sólo supe que me estampé como tres vasos por que estaba deliciosa), etcétera. Pero la que más me impresionó la cerveza tipo Kriek, con un sabor dulce, afrutado, increíble. Y bueno, qué decir de las cervezas de trigo, que me fascinan desde que bebí una Weißbier en Munich hace ya unos años.
¿Puede ser acaso más obvia la conclusión? La borrachera fue brutal y la resaca fue de cuidado.
Y sí, visité y me azoré en la Grand Place, y me decepcioné con el Manneken Pis.
El sábado poco hice ya que el sueño me metía zancadillas cada pocos metros y al final me tumbó apenas anocheció. No obstante, mientras podía estar despierto, aproveché que en la universidad vendían cerveza, para seguir con mi fina cata de exóticos caldos.
El domingo, después de las charlas, fuimos a rondar por la Grand Place. Ahí, sólo para quitarme la curiosidad, compré unas barras de chocolate Godiva. Quería saber que se sentía comprar algo exótico y exclusivo, algo que la gente compra pensando románticamente en alguien... no se siente nada en realidad, sales de la boutique igual que como entraste, salvo con menos dinero, mucho menos dinero. Hasta hace unas horas me comí media barra de las que compré. La neta está mas rico el Carlos V, ahí sí, esa barra de chocolate era cojonuda.
Posteriormente comimos costillas de res hasta reventar, conocimos a un grupo de italian@s y terminamos en un bar bebiendo más cerveza.
Mientras andábamos por las calles del centro, tomé mi mapa para intentar localizarme cuando una pareja grande se acercó para ofrecerme ayuda. Entre francés, inglés, español e italiano intentamos comunicarnos. Fue algo que me fascinó: Bruselas es una torre de Babel, muchos idiomas hacinados y conviviendo. Los señores se portaron muy amables y muy serviciales. El señor nos preguntó de dónde éramos. Le contestamos que de Portugal, de Cuba y de México. "Yo voy a Portugal seguido. Me gusta mucho. A Cuba nunca iré. Y a México me gustaría mucho ir, pero no ahora, no quiero que me corten la cabeza".
Aquella expresión me entristeció. Lamenté la visión actual de México en el extranjero. Lamenté que aquellas dos buenas personas no visitaran México y descubrieran su magia. Lamenté la deplorable situación política y social de mi querido país. Pinche narco, pinche gobierno corrupto, pinche cacicazgo moderno, pinche sistema educativo de la mierda...
¿Qué hacer?

hizo en los 20s lo que apenas atisbo en los 30s

  1. Corsarios de Levante. Arturo Pérez-Reverte (12-13-2008 / 01-08-2009)
  2. La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina. Stieg Larsson (01-14-2009 / 01-20-2009)
  3. La metamorfosis / Carta al Padre. Franz Kafka (01-21-2009 / 01-29-2009)
  4. Tokio Blues: Norwegian Wood. Haruki Murakami (01-30-2009 / 02-04-2009)
Tuve consciencia de la existencia de este libro en mis cotidianas visitas al Gandhi en Monterrey, la cual quedaba a unos pasos de la oficina. Se me hizo curioso la insistencia de exhibir varios títulos de este autor en la sección de novelas. Consulté la entrada de wikipedia de Haruki Murakami y sólo vi "literatura pop" y me repetía a mi mismo que había cosas más interesantes que leer.
Llego a España y los títulos del autor los vuelvo a encontrar en prácticamente a todos las librerías. Así que la semana antepasada, mientras hacía tiempo en un centro comercial, me metí a la librería y sucumbí a la insistencia editorial. Cuando se lo entregué a la chica de la caja, me dijo "Este libro me gustó mucho. Si te gusta, te recomiendo el de Sputnik". Aquí mis prejuicios se volcaron: "¡mierda! compré pornografía femenina"
Comencé a leerlo y me atrapó. A pesar que tomaba el libro con mucha escepticismo, las páginas me conducían por un mundo de soledad, hastío existencial, sexualidad, que me embelesaba los sentidos.
Por momentos me sentía muy cercano a Watanabe, por otros muy lejano y deseaba haber vivido esas experiencias o agradecía que jamás pasaran. Los personajes los sentí tan reales, tan complejos que podía reconocerlos en conocidos mios.
Mi espíritu clasificador quería etiquetar la novela. Al principio, como ya dije, un baratillo de pornografía femenina, luego como un Bukowski sin su machismo egocentrista y al final no acertaba dónde colocarlo, sólo sabía que lo estaba disfrutando enormidades.
Es un estupendo libro. Creo que le haré caso a la cajera.