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March 200921 March, 7:36pmHace tres semanas E., la nueva compañera de piso, trajo una televisión de 29 pulgadas que tenían sin uso sus padres. Desde que se había marchado L. nos habíamos quedado con una televisión de 14 pulgadas, la cual tenía que ser sintonizada manualmente por cada canal de televisión. Dicha situación hizo que cada vez le prestáramos menos atención al aparato. Al principio esbozábamos cada fin de semana planes para hacer un bote y comprarnos una buena televisión, pero con respecto pasaba el tiempo y nos íbamos acostumbrando a no mirar la televisión, le dábamos largas a la compra, hasta que E., recién llegada al piso, trajo la suya.
Los dos años que viví en Monterrey los pasé estupendamente sin televisión. Creo que fueron uno de los motivos por el cual leí y programé mucho más a lo que estaba acostumbrado durante esos dos años. Precisamente uno de los libros que leí en ese periodo fue Fluir (Flow): Una psicología de la felicidad de Mihaly Csikszentmihalyi, que intenta hacer una divulgación de su teoría del flujo psicológico. El objetivo de las investigaciones de Mihaly era encontrar una psicología de la felicidad, en oposición a la psicología meramente curativa de Freud y posteriores. Sin embargo el problema comienza en simplemente definir algo tan subjetivo como la felicidad. Como suele hacerse en los casos cuando no se posee ningún conocimiento, se recurre a la estadística con la esperanza de encontrar correlaciones que puedan implicar una causalidad. Y encontró algo interesante: el flujo, que es un estado psicológico en cual la persona está totalmente inmersa en la actividad realizada. Y este estado psicológico parece reflejar el sentimiento de felicidad. En el mismo libro, Mihaly hace una diatriba a la televisión, donde a priori establece que mirar pasivamente la televisión no es una actividad que lleve al estado de flujo psicológico y que sólo nos consume la vida en nada. A finales del año pasado salió un estudio, igualmente estadístico, donde establece que existe una fuerte correlación entre la percepción de felicidad y el número de horas que ve televisión: entre más infelices se reconocían, mayor número de horas pasan frente al televisor. Independientemente si mirar la televisión nos hace infelices, o si ya lo somos y "escapamos" viendo televisión, la televisión implica meter el cerebro en formol, sedarlo, entregar en bandeja de plata nuestro único bien en esta vida: nuestro tiempo. Y todo a cambio de nada. La televisión no ofrece ningún beneficio a largo plazo, tal como cualquier vicio. Sin embargo, Paul Graham, prevé una próxima derrota de la televisión en los gustos de la sociedad a favor de un Internet con mayor ancho de banda y contenidos. Al parecer la sociedad evoluciona y ahora prefiere elegir, interactuar y generar la información que consume. ¿Esto impactará en los niveles de felicidad percibida? Por lo pronto ya tenemos en casa un aparato de televisión enorme con cable. 15 March, 5:39amEn el libro en curso, una autobiografía de una somalí que se refugia en Holanda años después, narra como a sus cinco su abuela, quién pasó su vida como nómada, fiel a las tradiciones de su tribu, a escondidas de sus padres, personas progresistas y de educación, realiza la circuncisión femenina a ella y a su hermana mayor. Aquello me pareció tan abominable que arrojé el libro para dejar ir la obcecación. Curiosamente me percaté que me causa más impresión la narración en primera persona de las desgracias, que las imágenes visuales del hecho.
Mientras meditaba sobre aquella costumbre que la abuela se empeñó en realizar, recordé una historia que me contaron recientemente: una pareja que recién había tenido a su primogénito, habían decidido no bautizarlo a pesar del rechazo familiar, no querían seguir con una tradición que ellos no compartían y que el niño ni idea ni decisión tendría. Sin embargo, una vez nacido y pasado un tiempo, la abuela, fiel al rito, bautizó al niño a solas, en el cuarto baño de la casa mientras estaba a su cargo y cuidado. La tradición era más fuerte que la confianza depositada por los padres y su decisión de vida. Me parece que ambas situaciones, de manera abstracta, son la misma: preservar un rito que bajo la mirada de la razón actual, parece obsoleto y sin sentido. La abuela de la protagonista argumentaba que si no le practicaban la mutilación genital, el clítoris de las niñas crecería de manera desproporcionada y no podrían caminar en la edad adulta. Por el otro lado, se dice que si un niño no es bautizado, no entrará al cielo si muere. Ambas ideas son ridículas producto de la superstición. Pero desde un punto de vista más sociológico, el sentimiento de pertenencia es el más fuerte: una mujer con clítoris no pertenece a la tribu y es despreciada; una persona sin bautismo no pertenece a la Iglesia, como grupo social. Claro, hay que guardar las distancias, una tradición es una brutalidad totalmente desproporcionada, y la otra es un rito simbólico de carácter más social que de otro tipo. Pero el paralelismo es indudable: la persistencia de los ritos, forzada por las viejas generaciones, rechazada por las actuales. 8 March, 10:12am
Tengo que ser honesto: hubo pasajes que leía en cama, cobijado, con un café caliente al lado y disfrutaba mucho, sintiendo cada momento romántico entre Edward e Isabella, para luego arrojar el libro y acurrucarme y mantener por un momento ese sentimiento de comunión entre los personajes. Sí, dejaba aflorar mi lado femenino. Pero también hay que decirlo, la novela es mala, es antifeminista, insulsa e inverosímil aun siendo fantasía. Pero qué es lo que hace que esta novela sea de las más leídas a nivel mundial, que es lo que atrae a las masas, en especial al público femenino, a pesar de que maneja a una protagonista que ninguna mujer que se respete a sí misma quiera imitar. Mi hipótesis es que se trata de pornografía femenina. Francesco Alberoni en su libro "El erotismo" plantea una supuesta diferencia entre el erotismo femenino y el masculino. El masculino es discreto, binario, está o no está excitado, tiene o no tiene el pene erecto; en cambio el erotismo femenino es continuo, holístico, prácticamente cualquier hecho tiene un grado de erotismo, positivo o negativo. Y de ahí parte para justificar que la pornografía está orientada al público masculino, ya que responde más a las situaciones que los excita. En cambio, las mujeres, en general, no responden a dicho estímulos, ya que el cambio abrupto de baja excitación a total sexualidad no va con su esquema de erotismo. Según Alberoni las mujeres encuentran más erótico el desarrollo de la situaciones, las palabras, los gestos, y es el nicho que explotan las telenovelas (culebrones) y las novelas románticas estilo Corin Tellado. Eso es la pornografía femenina. Alberoni va más allá y extrae los patrones encontrados en las historias eróticas femeninas clásicas, y básicamente son las historias que encontramos en los cuentos infantiles, especialmente en Cenicienta y en la bella y la bestia: la chica común, sin notoriedad, de pronto se ve elegida por el líder, el guía, el príncipe, y esto la hace especial, única. Y luego, una vez elegida, ella es capaz de dominar, controlar a la bestia que representa el hombre, lograr lo que nada ni nadie había podido, salvo ella, con su magia y ternura, hacer del lobo un corderillo en sus brazos. Pues de eso se trata Twilight: un compendio fantástico de la pornografía femenina. No hay nada nuevo bajo el sol, o como diría Oscar Wilde "es imposible ser original, ni siquiera en el pecado." Es lo bueno de que el hombre guste del mito, se puede reciclar y vender todas las veces que uno quiera. 1 March, 4:28pmRecuerdo un juego de Remar (un grupo juvenil católico llevado por los maristas donde estudiaba la preparatoria) era preguntarle a alguien "¿quién eres?". El juego era más o menos así:
- ¿Quién eres? - Soy Víctor. - No te pregunté tu nombre, sino ¿quién eres? - Soy... un estudiante. - No te pregunté qué haces, sino ¿quién eres? - Soy hijo de mi mamá y mi papá. - No te pregunté de quién eres hijo, sino ¿quién eres? Y así continúa ad nauseam. Nunca me quedó claro qué se perseguía con esto y más bien me fastidiaba el juego. ¿Qué objeto tenía si jamás había una respuesta correcta? Mas nunca nos aclararon que había que leer un poco de existencialismo para tener una idea más clara del problema a abordar con el juego: la imposibilidad definir el ser. Definir implica limitar, contener un concepto, pero el ser no es susceptible a definiciones. Es más, hay algunos existencialistas que van más allá y dicen que decir "yo soy" no tiene sentido alguno, no dice nada y rechazan el concepto del ser. A mi lo que me parece intrigante es el concepto estático del ser. El "yo soy" me parece algo más bien momentáneo, algo que ocurre en una dimensión temporal específica. El ser es un concepto dinámico, que evoluciona en el tiempo. Estamos en el devenir entre el ser y la nada. No tomar las riendas de nuestra vida, no arrastra hacia la negación del ser, evitar tomar decisiones, no afrontar la problemática de nuestra existencia, es negarnos a nosotros mismos. Y somos, cuando vemos a los ojos la contradicción que implica nuestra minúscula consciencia en el universo. Mejor ya me voy a dormir. |
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