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March 201016 March, 9:13am27 horas después en casa de mi padres. Salí el viernes pasado a las 5am de mi piso en Coruña, tomé un taxi que me llevó al aeropuerto de Alvedro. Volar intercontinentalmente requiere de virtudes insospechadas: tener una constante sensación de urgencia y a la vez tener la paciencia de Job. Y con esa misma paciencia esperé a que abrieran las ventanillas de Spainair. Un café sirvió de lubricante de las manecillas del reloj. Luego pasar por el arco de seguridad. Tantas veces mis huesos han sido escrutados por esos dispositivos que ya los tengo bien calibrados y puedo pasar de manera tan diáfana como un alma pura por las puertas de San Pedro. El problema siempre es la paciencia, paciencia por aquellas almas que les pita el arco por más oración y ayuno impuesto.
Y así volé a Madrid. Y esta vez volví a llegar a la terminal 2. Lo que es un coñazo por que estoy acostumbrado a la T4, conozco sus reflejos y sus cadencias. La T2 es terreno ignoto, y la premura lo trocó en pesadilla. Tuve que salir de la zona de tránsito, subir a la ventanilla de Air France, y sacar mis nuevos billetes: Madrid-París, París-México. Qué asco: París. Al menos mi equipaje ya iba en el proceso, lo cual no es menos preocupante, ya que cuando me perdieron mis maletas, fue en una situación como esta. Otra vez pasar por el arco. En Barajas, T2, la puerta de accesso E: sólo un arco habilitado. Pero me sentí afortunado: había alcanzado y rebazado a un contigente de jubilados. De nuevo la transición urgencia-paciencia. Otra vez hacer cola. Ubiqué mi puerta de embarque y a esperar. El avión iba lleno. Me tocó junto a un jovial profesor de universidad, radicado en Alemania, con quien charlé sobre las amenaza a la privacidad que implican Google y Facebook. Ahora en el Charles De Gaulle. Desembarcar, ubicarse, buscar destino, correr. Esta vez tuve que cambiar de terminal y para ello hubo que tomar un bus. Mi alma fue otra vez escrutada por la pupila omnisapiente del arco. Me estaba meando. En cuanto vea mi puerta de embarque a la distancia, buscaría unos servicios. Así fue. Cuando salí aliviado y distendido, caminé lentamente hacia el final de edificio, donde se divisaba mi puerta de embarque. Vi a una chica agitando los brazos al aire. ¡Joder! Estaban cerrando el embarque. Corrí. Ubiqué mi asiento: en medio de dos tíos. Mierda, once horas rodeado de testosterona. Bueno, en realidad es mucho mejor que con la señora gorda dos asientos adelante. El tío que le había tocado a su lado rogó para que lo reubicaran. La señora, apenas crucé a su lado, sudaba a chorros y jadeaba. Ya en mi asiento, el chaval que me tocó a la derecha era de maneras afables y discretas, en cambio el de la izquierda, era un teutón inmenso, nervioso, agitado, moviéndose constantemente, y no hablaba, sólo mujía con enfado a la menor petición. Un par de veces el chico de la derecha, me pidió salir a estirar las piernas, mientras el teutón dormía. Yo volteaba precupado "I won't disturb him. I don't wanna be beaten in a flight", mientras nos cagábamos de la risa. Pero al final lo despertabamos y de un bufido lleno de fastidio nos dejaba salir a caminar al pasillo. Ví un par de películas. La más relevante fue An Education. En primera por que me enamoré de Carey Mulligan, en segunda por la historia (me encantó, me conmovió) y en tercera por una frase al final "One of the boys I dated, and they were boys, suggested that we go to Paris and I said I'd always wanted to see Paris. As if I'd never been!". ¡Sí! ¡esa es la actitud! Mi problema con los vuelos intercontinentales son las últimas 3 horas de las 11 que dura. Ver el mapa como vas recorriendo de norte a sur a los Estados Unidos, y sentir que el avión no avanza cuando pasa de Chicago a Cincinatti. Como no podía dormir, me noqueé con tres cervezas y un tintorro. Finalmente aterrizamos en el AICM. Salí del avión fastidiado, acalorado, con ganas de llegar a un destino, sin importar cuál. En el gusano noté a una chica rubia, chaparra, tetona, súper delgada, cara de caballo, desproporcionada a todas luces, de ojos exageradamente grandes y claros. Hablaba a gritos: "¡La gente se nos debía quedar mirando raro por que a todos que los que pasaban les decíamos hors!" Yo supongo que decía hors, en francés, pero tal vez sólo escuché mal. Pensé "Otra niña pija pendeja. Dios, dame paciencia." Salimos lentamente del gusano, ya que agentes migratorios iban revisando el pasaporte al salir. Sí, yo tampoco entiendo esa tontería. Luego pasar migración. Por suerte, en esta ocasión había poca gente. Pasé al módulo y el funcionario mientras me sellaba el pasaporte, detuvo su trabajo, por voltear a ver a la chica desproporcionada y de sonrisa fingida, y exclamarle con zalamería "¡adiós Anahí!". No pude contenerme y me cagué de risa para luego preguntar "¿esa pendeja es Anahí?", "sí ¿tu crees? viene en el vuelo de París ¿no?", "sí... no mames güey, de verdad que la televisión hace milagros". No sé si escuchó mi conversación con el agente migratorio, pero al salir, me crucé con ella y su séquito de lacayos y cruzamos miradas, la suya no era muy amigable que digamos. Fui por mi equipaje. ¡Sí! ¡llegó! Pasé por la declaración fiscal, me tocó verde en el semáforo y salí. Ahora a tomar el bus que me llevaría a Celaya. "No hay joven. Sólo a Querétaro", declaró el expendedor de los billetes. Ni pedo. En Querétaro transbordaría, nada del otro mundo. Otras cuatro horas más de viaje. Puse mi SIM de Telmex en mi N900 y ¡funcionó! 12 March, 5:53pmEl próximo lunes estaré cruzando de nuevo el Atlántico para ir a México (¿ir a casa?). Como siempre esos viajes emocionan y agobian un poco. Emoción por volver al sol, al calor, a los volcanes y a la gente con la que se tiene lazos indelebles. Agobio por tantos kilómetros que hay que seguir cargando en las espaldas, por romper la seguridad de la rutina.
Particularmente ahora tengo una agenda algo apretada. Dentro del país estaré de arriba para abajo, re-encontrando viejas amistades, y he quemado mis embarcaciones: ya no tengo boleto para volver a ir de nuevo, así que posiblemente no vuelva al terruño en mucho tiempo. Desde cierta perspectiva se podría argumentar que me ha costado mucho romper con ese cordón umbilical que me une al confort de la idiosincrasia conocida. Además de la nota al margen sobre la visita, tenía en mente escribir sobre un hecho cotidiano que me sorprendió reconocer o más bien, diseccionar: mis conversaciones matutinas. Antes de mudarme al nuevo piso, con nueva compañía, mientras compartía con las marmotas, mis mañanas eran de una intensa soledad. Me despertaba en medio de una cama enorme y vacía, generalmente ovillado y aterido en alguna esquina. Después de una meada sin haber despertado, me encaminaba hacia la cocina y cada paso la consciencia tomaba posesión del cerebro aun en la confusión del sueño amorfo. Tan pronto como comenzaba el sacrosanto ritual del café en mi cafetera italiano-cubana, la conversación comenzaba. Y es esta charla interior la que quiero resaltar. Noté un patrón curioso en toda regla, la conversación siempre era unidireccional, sólo había una voz, pero siempre había otro ente en mi que escuchaba. Los neurólogos afirman que los lóbulos del cerebro pueden funcionar de manera independiente, y aun más, pacientes con epilepsia que fueron tratados con una callosotomía (escisión del cuerpo calloso) realmente tienen evidencia de dos cerebros pensando independientemente. Más aun, se ha notado una cierta lateralidad en las funciones cerebrales, sobre todo en las relacionadas con el lenguaje, donde el lado izquierdo tiene una mayor influencia, y el lado derecho se inclina más por el procesamiento de la información perceptual. Por otro lado, desde Freud, los psicólogos han trabajado bajo la hipótesis de la existencia de una mente inconsciente y otra consciente, identificando al "yo", dentro de la mente consciente, al "ello" dentro de la mente inconsciente y al "super-yo" en medio de ambos. El yo se rige bajo el principio de la realidad, "distingue" la realidad y se adapta a ella; el "ello" se rige bajo el principio del placer y está más cercano a los instintos; y el "super-yo" es un idealización del yo, el policía represor del yo y del ello. Dicho lo anterior y volviendo a mi charla interior, repito, hay de manera constante dos actores: uno que habla, que posee el don de la verbalización, y otro que no habla, simplemente porque es incapaz de hacerlo, sin embargo, es quien siente, el poseedor de las emociones puras y duras. El que habla es brutal, es desconsiderado, y fácilmente pierde contacto con la realidad planteando reprimendas tremendas y cursos de acción llenos de megalomanía; mientras que el otro actor es el reprendido, que se siente triste y abandonado. Sin embargo, es patente que el actor sin voz es mucho más fuerte y grande que el que habla, y siempre hay un temor en el aire de que pierda el auto-control. Pero el actor hablante es impenitente, despiadado y plantea castigos y cursos de acción llenos de represión y sacrificio. Pero una vez con el café expreso en el organismo, la realidad parece tomar su lugar y decido hacer callar al monologuista y consuelo al gran sentimental. Llegué a cansarme de este montaje, ya que se repetía diario. El silencio lo traía al proscenio mental. Y definitivamente, con el cambio de compañía matutina, donde la conversación real, interpersonal, existe, no hay necesidad de discusiones intestinas, y el hablante y el sentimental se doblegan ante la presencia de otro ser humano. Todo esto es charla informal. No estoy indicando ninguna liga entre la lateralidad y los entes freudianos. Es sólo una observación que me sorprende ante una aparente coincidencia con la ciencia aceptada actualmente del funcionamiento del cerebro. Amor castúo en Extremoduro¡Mierda!
¡Qué mierda! ¡Qué mierda más gorda! ¡Qué asco de idealismos sociales! Qué asco de ilusiones, sólo llenas de falsas esperanzas. ¿Dónde están las bonitas verdades? Por aquí no andan. Si acaso, de vez en cuando, pasan como tormentas de verano por mis asquerosos pensamientos. http://www.goear.com/listen/154f6c4/amor-cast%C3%BAo-extremoduro My farewell of Arthur Dent
En fin. Por el momento escribo estas líneas para celebrar el punto final del libro y comenzar con el siguiente. Tenía pensado seguir con otro libro en inglés, pero ya basta por el momento. Tomemos uno traducido al familiar castellano. Pinta en la barda de mi edificio![]() Esta pinta, que en la barda del edificio donde vivo ahora, me parece muy inspiradora. |
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