16 August, 10:06am

Como había comentado el post pasado, ayer fue el concierto de The Hives en A Coruña dentro del evento Noroeste Pop Rock 2009.

Como el concierto sería gratuito en la playa del Riazor, me convencí de llegar dos horas antes, lo que ya me parecía bastante irresponsable dadas mis experiencias pasadas con eventos de este tipo en México. Llegué y no había más que pequeños grupos de pubertos bebiendo kalimotxo y fumando porros. Así que decidí irme a cenar algo, y ya puestos en la guarrería, me fui por una Whopper.

De vuelta a la playa me senté dignamente a esperar, mientras observaba a la concurrencia, cada vez mayor. Finalmente, pasadas las diez de la noche, comenzó a tocar la banda telonera: No way out, que no me parecieron tan malos, salvo que es el mismo happy punk de siempre. Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos, no tuvieron mucho aprecio por la audiencia que deseaba el espectáculo de The Hives.

A punto de comenzar su presentación, me encontré con Berto a unos metros adelante de mi. Aun no me imagino cómo le hizo para llegar hasta allí. Supongo que su experiencia en conciertos le ha dado ciertas habilidades especiales. Y su comentario inagural fue lapidario: "En el concierto de anoche había el doble de gente y la mitad de gilipollas", haciendo referencia al concierto dado por Raphael, y que fue duramente criticado por un grupo de que afirman detentar el verdadero espíritu del festival. Y sí, muchos de los pubertos ahí congregados eran tan gilipollas como su corta edad y razón les justificaba.

Y aparecieron The Hives en el escenario.

Me gustó mucho su espectáculo: su pose de divos frívolos, su punk rápido, duro e inocuo. El guitarrista, hermano de vocalista, posee un repertorio de gestos, posturas y movimientos tan peculiares que me cayeron en gracia. La banda emite una gran energía e incita a la concurrencia a participar en ese derroche.

Disfruté mucho del espectáculo, de la energía liberada, del slam (del cual ya sólo me limito a mirar), de los imbecilitos arrojando arena al aire (y que aun tengo en el pelo) así como cerveza. Y lo digo sin sarcasmo: lo disfruté mucho.

De nueva cuenta, Berto nos regala algunas instantáneas del evento.

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Terminando nos fuimos por unas cervezas a Cañahueca donde fuimos testigos de uno de eso hechos extravagantes de la vida: Dos rubias alemanas, beodas como cubas, con cortos vestidos de noche y tacones de punta, cargadas con mochilas de campismo y un carrito de las compras llenos de ropa. y hasta con un cartón de leche a medio beber. Acababan de bajar del tren e iban en busca de una discoteca, cualquiera, para dejar sus cosas y bailar y seguir bebiendo hasta caer. Tenían ampollas en los pies por los tacones y preferían caminar por el piso, lleno de vidrios de los vasos rotos, descalzas. Dios bendiga a Europa.