17 August, 7:12pm

Como varios de ustedes sabrán estoy leyendo Los Detectives Salvajes de Roberto Bolaño. Hasta donde llevo se narra la historia la transformación de un adolescente en un poeta, pero uno que bien podría enmarcarse dentro de una Generación Beat a la mexicana, donde lo único que importa son las sensaciones, darse de frente con la vida a toda velocidad, vivir con toda intensidad, a tope, sin detenerse a pensar en la ética de los actos, es decir, en sus consecuencias. Lo único importante es "volarle la tapa de los sesos a la cultura oficial", es renovar el arte y más específicamente, la poesía. Sexo, drogas, literatura, idealismo, locura son los ingredientes para una vida y obra auténtica. El protagonista de esta parte del libro entrega por completo al camino de la poesía perfecta sin pensar en la factura que tarde o temprano llega.

En un parte del libro un personaje dice al otro refiriéndose a un tercero: "ella siempre ha sido consecuente con sus lecturas". Me pasa parecido al igual que otros amigos: nos mimetizamos con lo que leemos. Si leímos a Bukowski quisimos que la dejadez, el alcoholismo y el machismo cubra nuestra vida; si leímos el Quijote, quisimos hablar a la usanza caballeros andantes de patético anacronismo, y así. Esta vez no fue la excepción: tomé una decisión aventurada, sin reparar en gastos, en agotamiento físico, o el abandono de otros compromisos: me fui a Barcelona por ínfimos dos días. Mas tenía una razón para ir: resulta que unos tíos fuero a visitar a sus hijas (mis primas) que radican actualmente en dicha ciudad; entonces pensé "sería chido echarme una cheve con mis tíos en Barcelona". Hice las reservaciones de avión y me fui para allá.

Al salir tuve la peregrina idea de sólo llevarme mi tarjeta de identidad, dejando el pasaporte, ya que sólo sería un vuelo doméstico. Craso error. Cuando llegué a Madrid con mi pases de abordar tuve que dirigirme a la terminal T4S-S donde sólo salen vuelos internacionales y hay que pasar por migración. ¿De cuando a acá un vuelo de Madrid a Barcelona es internacional? ¿Acaso la Generalitat llegó al límite de pedir pasaporte para entrar a su territorio, independientemente si se trata de pasajeros de la Comunidad Europea, o peor aun, de España misma?

Pero de ida no fue nada grave a comparación de la vuelta. Al solicitar mi pase de abordar la señorita del mostrador me pidió mi pasarte, de nuevo le dije "no lo traigo", de nuevo me regañó por no traer una documentación que según todos saben deberían traer. ¡Pero si se trata de un vuelo doméstico! Cuando anduve de mochilero por tren a lo largo de Francia, Holanda, Alemania e Italia, jamás me pidieron el pasaporte en el cruce de fronteras, ¿por qué ahora lo hacen si soy residente legal y sin salir de las fronteras españolas? Después de reprenderme por mi falta a las reglas no escritas (¡qué kafkiano es eso!) rompió los pases de abordaje que había impreso y me mandó a la ventanilla de venta de boletos. Ahí, después de explicar todo de nuevo, me dieron otro billete a Madrid (Puente Aéreo decía), pero nada del pase de abordaje de Madrid a A Coruña. Esperé dos horas más de lo que había previsto, sin embargo, según mis cuentas, aun podría abordar la conexión a A Coruña en Barajas.

Después siguió la pesadilla de Barajas. Faltaba sólo una hora para que saliera el vuelo a mi destino final cuando aterricé en Madrid. Corrí a módulo de atención al cliente de Iberia. Hacer fila. Tic tac. Los minutos corrían. Explicar mi situación. Dudas, preguntas, tecleo en la computadora, tic-tac. "Tiene que ir a la venta de billetes. Salga del edificio, vaya al piso 2, y ahí busque un módulo de venta de boletos".

Corrí. Tic-tac. ¿Dónde pasaré la noche si pierdo el vuelo? Pinche Iberia. Encontré finalmente la ventanilla buscada. Hice fila. Tic-tac. Llegué al mostrador. El dependiente cotilleaba. Tic-tac. Cuando volvió hacia mi le expliqué la situación. "¡Qué raro! No debieron haber hecho eso. Tome esto y vaya a una máquina de auto-checking por su pase de abordar". Había a un lado un grupo de ellas. Botones, datos... "Reserva no encontrada". Me carga la chingada. Botones, datos... "Reserva no encontrada". Le pedí a una señorita de Iberia que asistía ahí ayuda.

Después de varios teclasos, prefirió ignorarme e irse a atender a otros pasajeros. Otra vez ir a hacer cola en la ventanilla donde me dieron el billete. Tic-tac. "Vaya a facturación. Dos pasillos adelante". Tic-tac. Corrí. Expliqué otra vez lo mismo a la chica que dejaba pasar a la fila de facturación. Me dejó pasar. Otra vez a hacer fila. Sin problemas me dieron el pase de abordar. Faltan 20 minutos para el abordaje. Me fijo en la terminal: M. Buscó un letrero para llegar a dicha terminal: Tiempo de transporte entre terminales: 20 minutos. ¡Aaaaggrr! Corrí. Cuando subo al tren que lleva a las distintas terminales de la T4S vi a una familia que llevaba un ejemplar de "La voz de Galicia" y esa sola visión hizo que mi corazón se tranquilizara. Al llegar a la zona de abordaje vi caras que me parecieron muy agradables, conocidas sin serlo, amistosas, gallegos.

Dormí casi todo el vuelo. Me dormí viendo las áridas tierras de Castilla por la ventanilla y desperté viendo los verdes bosques y prados de Galicia. Me emocioné. Estoy llegando a casa, pensé, y me sorprendió mucho ese pensamiento. Al llegar a A Coruña, viendo las rías, el mar y los bosques, la niña que iba sentada frente mi gritó "Mamá, ¡mira!, la Torre de Hércules". Y volví la mirada extasiado, ahí estaba, el mágico faro. "He llegado". Tenía la misma emoción que esa niña. La grabación del avión anunciando el aterrizaje en galego me pareció musical, nada parecido al catalán que había oído horas antes. Lo sentí más cálido. Aun me sigo preguntando qué tanto significan esas sensaciones. Pero mi estancia en Barcelona fue bastante grata. Ver a mis tíos y primas fue muy reconfortante. Recordar que no estás solo en este ancho mundo tiene algo de ritual que libera al alma de la lejanía. La tarde que llegué fui con mis tíos a la playa y ahí, echados en la arena, con la brisa del Mediterráneo, nos echamos una litrona. Luego fuimos a las Festas de Gràcia, que es el distrito donde mis primas viven. En una de las calles decoradas para la fiesta, había una con motivos de ¡la lucha libre mexicana! con imágenes de El Santo y de Fray Tormenta. Al día siguiente nos fuimos a Montserrat. Impresionante y muy agotador (fotos).

Montserrat

Y por la noche no pudo faltar mi peregrinación a l'ovella negra, el bar que significa para mi la apertura al mundo.

Addendum:

Otro más de los hechos que me sorprendieron es que mi primas, en el par de años sumados que llevan en Barcelona, ¡no tienen amigos españoles! Su círculo social está compuesto por mexicanos, colombianos y otro sudamericano más, lo que no me deja de llamar la atención. Cuando mi prima me invitó a comer al restorán donde trabaja, la mayoría de sus compañeros son mexicanos más un chileno y un argentino. Todos hablaban de "no mames güey", lo que fue como una bocanada de aire fresco para mis oídos, pero luego pensé "¿qué caso tiene vivir miles de kilómetros lejos de tu casa para seguir bajo la misma idiosincrancia?". "Cada quién" es la respuesta que me dí. Otro hecho paralelo a esto mismo es la ingente cantidad de inmigrantes que tiene Barcelona, cosa que se vio reflejada en la anécdota que vi en la estación de Sants: un señor, ya entrado en años, comenzó a utilizar la máquina despachadoras de boletos del Renfe, y comenzó a desesperarse porque no encontraba en la lista del monitor su destino. Un chico asiático que estaba atrás de él, de manera algo precipitada, quizo ayudarlo, y el viejo se enfureció, "no me digas como hacer las cosas, ¡yo soy de aquí!". Y en contra de lo que podía esperar, sentí empatía por el viejo: me resultaría fastidiante que un gringo o un sudamericano o un asiático me dijera cómo hacer las cosas en México.