2019

Detesto el paso atroz de los años, ya no dejan poso ni deleite, ni siquiera melancolía; sólo eventos inconexos de presente puro, huérfanos de trama. Resulta entonces imperioso volver la vista atrás, ofrecernos una historia, inventar una teleología que sustente el caos que nos envuelve.

Después de diez años de residencia en la misma ciudad, mi estancia más larga después de los veinte años en el Bajío, me he vuelto a mudar. Del Atlántico al Mediterráneo, da terra dos irmandiños a la España levantina, donde el Cid sigue campeando entre un bando y otro.

Mudar entroido por fallas, caldo de grelos por l'esmorzaret, Estrella por Turia, verdor por concreto. Y otra vez el desafío de tejer relaciones nuevas.

Una vez extranjero siempre extranjero. La identidad nacional sólo es carnet, lubricante burocrático. Extranjeridad es consciencia de que nada está dado ni fijo, que la seguridad es cuestión de fe, confiar en la repetición de sucesos proclamándolos leyes universales, y a la vez reconocer, como Marshall Berman, que "todo lo sólido se desvanece en el aire".

De las primeras actividades a las que asistí, en el barrio al que me mudé, fue a una Calçotada vegana, organizada por el Ateneo Anarquista del mismo barrio. Espectacular. Más tarde encontré un espacio compartido para trabajar (coworking space) y el dojo donde también hay práctica mysore de Ashtanga Yoga.

Después de tres años trabajando en un proyecto que me satisfacía y me sentía productivo, terminó abruptamente, mas sin finiquitar del todo: me dejó en el limbo de la responsabilidad sin pago. Pronto me incorporé en otro proyecto, si se quiere, más interesante y retador, que me desterró de la comodidad para enfrentarme a la angustia de no tener respuestas, de ser el recién llegado que poco sabe y mucho debe demostrar, rodeado de pesos pesados, en lo técnico, humano y producto.

Escribí mucho código en C. Ahora estoy aprendiendo y disfrutando del lenguaje de programación Rust. En la cocina aprendí a preparar más platillos vegetarianos.

Si presté atención a telediarios fueron a los de México, pendiente de la elección presidencial. Llamadas y correos al instituto electoral, cumplimentar la documentación, recibir la boleta y emitir mi voto; atento a los debates y cotilleos por la redes sociales.

Desde los primeros días la campaña a la pre-candidatura de Marichuy, fue brisa marina en el desierto, aunque supiéramos de antemano que jamás la dejarían llegar a las urnas. Y sin embargo, además de Marichuy, tuvieron que pasar veinte años para que en la política mexicana volviera a percibirse con esperanza, para ser electo de nuevo un presidente con respaldo social, no sólo económico mediático; para que, por primera vez, la izquierda institucional mexicana formara gobierno, mientras que la derecha muestra sus fauces, dispuesta a lo que sea con tal de conservar sus privilegios. Aunque somos conscientes de que toda izquierda electoral no es más que una bandita sobre un cuerpo abierto en canal.

En cambio, la política europea se limita al terrorífico ascenso de la extrema derecha, a los medios de comunicación normalizando el discurso fascista, la socialdemocracia mostrando su verdadero rostro al cruzarse de brazos. Sólo la izquierda que se radicaliza ofrece un hálito de ilusión —rápidamente reprimida—. A pesar de todo, en las bases de la sociedad europea hay relámpagos de promesa: la huelga feminista del 8 de marzo, el procés català, los gilets jaunes, etc. Movimientos con base social fuerte, contestatarios al orden impuesto, como la España tardofranquista y la Unión-Capitalista Europea, aunque no están exentos de contradicciones.

Este año tuve que aprender que no sólo se deben perseguir los sueños, también hay que saberlos esperar. Permitirles madurar. Lanzarse sobre el primer sueño es irresponsable. Hay que tenderlo, dejarlo secar, soñar más sueños, refinarlos, juntarlos, separarlos y avanzar, avanzar hacia eso que parece ser el sueño.

Los números son la fantasía más preciada a la hora de conformar la realidad. Vayamos a ellos: 17 libros leídos, todos ellos excelentes. Solamente cuatro entradas en el blog del trabajo; 23 entradas en éste (dos mensuales en promedio); particularmente me siento orgulloso de dos entradas: la del viaje por Cuba y la Engels sobre su libro El origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado. Escribí 8 textos para el taller de poesía, y expuse los dos más decentes aquí: Ciénaga y Piano. Viajé a 5 países en 2 continentes y visité, finalmente, Covadonga, en Asturias.

Castelo de Castro Laboreiro, Portugal

Castelo de Castro Laboreiro, Portugal (2018/12/31)

Algunas métricas interesantes de este blog durante el 2018:

Claramente el mayor número de visitantes llegan a través de motores de búsqueda, en pos de sus deberes escolares, de la asignatura de ética tal vez.