23 August, 4:08pm

Ayer sábado salí a caminar, para que me diera un poco el aire y el sol. Mi intención era, como hacía un par de fines de semana atrás, leer en una banca frente a la playa del Orzán, precisamente cuando compré el libro de El Gran Gatsby. Aunque el sol me calaba en la lectura, la brisa, el murmullo de la gente y la vista, habían causado una grata experiencia que apetecía repetir.

Así pues tomé el libro en turno (el cual ansío terminar para devolvérselo a Edu antes de irme a México, el próximo viernes) y caminé. Al llegar a los Jardines Mendez de Nuñez noté la efervescencia en las casetas que suelen poner para la semana del libro, supuse que era la exposición de artesanías de la semana anterior, pero no fue así, se trataba de algo inesperado y fabuloso: la semana del libro de segunda mano.

Mi gusto por los puestos de libros de segunda mano comenzó cuando estaba en la universidad y encontré varios libros de texto de algunas materias, en especial el libro de matemáticas discretas de Johnsonbaugh. Pues me puse a explorar este nuevo territorio. Otra de las características es que si me decido por un libro de segunda mano es por que este me atrapa: en cuanto lo descubro, me deja con la boca abierta y sólo pienso en tomarlo e irme a un lugar apacible para leerlo. Cuando compro libros nuevos, la sensación es más burguesa, la elección es más racional, desapasionada hasta cierto punto.

Me encontraba recorriendo los puestos y sus estantes y no encontraba nada (o nada me encontraba a mi). Pensé, "Ojalá pudiera encontrar libros en inglés". Y de pronto, en medio de ese mar de literatura mediocre, lo encontré: un puesto con una sección de libros en inglés, entre 4 y 8 euros, y los títulos eran deliciosos, autores de la talla de: Emily Brönte, Arthur Conan Doyle, Edgar Alan Poe, Victor Hugo, etc. Y de la nada, como pepitas de oro en un riachuelo, fui encontrando, uno a uno, prácticamente la obra completa de Joseph Conrad.

Hace tiempo leí El corazón de las tinieblas y aunque no le entendí a carta cabal, me dejo con el prurito de leer algo más de él. Lo que me impresiona de Conrad, al igual que Nabokov, es que ambos son pilares de la literatura inglesa moderna, y ambos aprendieron el idioma siendo ya adultos, inmigrantes, en una cultura ajena a la suya. Sus críticos argumentan que aprendieron a manejar el idioma sin los vicios del hablante nativo y que, además, incorporaron construcciones gramaticales de sus idiomas maternos al inglés. Entonces el prurito por leerlos en el idioma original fue mayor. Eso sí que es un ejemplo a seguir cuando se quiere aprender realmente un idioma.

Finalmente me decanté por Lord Jim. Será el libro que me llevaré a las vacaciones por México.

Leí una parte del prólogo mientras caminaba y al llegar al obelisco decidí pasarme al cine del puerto, a ver si había algo bueno de casualidad. Y vaya que lo había: cinco minutos después de mi llegada comenzaría Antichrist, la última película de Lars von Trier, que además está protagonizada por Charlotte Gainsbourg, de quien estoy secretamente enamorado y he seguido desde que llegó a mi consciencia.

No sé qué decir para expresar lo buena película que es. Lo diré en mexicano: es una chingonería. Estupenda. Genial. Fantástica. Impresionante. Pedazo de película. Pero demonios, cómo detesto el doblaje. Lo siento, no puedo dejar de repetirlo. Me parece insultante que toda la cartelera de estreno esté doblada al castellano. Es una falta de respeto a la inteligencia del espectador.

Visualmente, la historia que narra, la psicología de los personajes, la ambientación, el horror con el que el saturante conflicto se resuelve, son impresionantes. A igual de Dogville, no deja a nadie indiferente.

Acabo de leer que tachan el mensaje de misógino. No lo creo así. El ser humano es capaz de todos los horrores innombrables, independientemente del sexo.

Por cierto, para terminar, el mismo sábado me preparé de comer pimientos de Padrón, spaghetti al pesto y salchichas Bratwurst, empujadas con una Franziskaner. De nueva cuenta, sin palabras. Sencillamente delicioso.

Cuando las sombras te cubren, hay que brillar con la luz interior.