El fin de semana

El domingo, harto de la ausencia de contacto humano, me fui a Querétaro. Chuy me preguntó si quería ir y acepté su idea. Adriana y él pasaron por mi a la central y nos fuimos ya no recuerdo a dónde. El plan entonces fue ir a una carne asada a casa de una amiga de Adriana de la licenciatura. Una vez ahí, después de organizarnos con Aurora y Norberto para verlos más tarde, comenzamos el ritual del fuego y demás providencias. Rato después llegó una pareja, a quienes esperabamos con ansias porque traían la arrachera. Ya una vez comidos y bebidos, comenzamos a charlar.

Creo que fui yo quien cometió el error de traer el tema a la plática, con algún comentario sarcástico, pero el punto es que comenzamos ha hablar del Código da Vinci. Una chica decía que es el mejor libro que ha leído, y el chavo que llegó tarde, alegaba que es un libro maravilloso. La chica luego dijo: "Yo no quiero ver la película porque me voy a desilusionar" a lo que yo, con gran uso de la diplomacia, le respondí con intensión de animarla a ver la película: "El libro es tan malo que la película no puede ser peor".

Inmediatamente, Paco, porque así se llama el chavo que trajo las carnes, me interpuso: "Puedes dar tu opinión personal, pero decir que el libro es malo, cuando a nosotros nos gustó mucho, es insultarnos". Mi respuesta fue inmediata: "Tu argumento también lo puedo utilizar yo: me están insultando al decir que el libro es bueno". La genial contestación de Paco fue: "Pero nosotros somos mayoría". Ahì cerré el hocico, mordiéndome los labios.

Instantes después Chuy, en corto, me interpela: "Ya lo hemos discutido esto, lo bueno del Código, como los libros de Cuahutemoc Sánchez o Harry Potter, es que logran que la gente lea, que se interese en la lectura". No puedo no estar de acuerdo en ello, pero que gente que sólo ha leído esos libros, no me venga a decir que son las obras maestras que esperaba el mundo. "No hay nada más peligroso que un hombre de un sólo libro".

Esto da mucho a qué reflexionar, sobre todo el derecho del inviduo a decir su opinión y sobre el papel de las mayorías en la valoración de los entes.

Pero es tarde y debo trabajar. Dejaremos esas reflexiones para más tarde.