Mentirosa

Hay un juego de mesa que durante algún tiempo, el grupo de amigos que nos juntabamos a beber los sábados por la noche, solíamos jugar con gozo y apasionamiento: Mentirosa. El juego básicamente es una refinación, de origen cubana al parecer, del juego del cubilete.

Ya se pueden imaginar a un grupo de 3 a 7 sujetos, completamente antisociales, bebiendo cerveza, en la casa de los papás de alguno, agitando los dados, haciendo alaraca muertos de la risa.

Sin embargo mi objetivo en este texto es describir el juego: Todo comienza con el convite sentado en círculo sobre la mesa, uno de ellos toma los dados y lanza una jugada con la peculiaridad que no levanta el recipiente (digamos esto por simplificación, aunque puede no ser así), el resultado de los dados entonces no es visto por nadie, excepto, tal vez, por el tirador, quien puede mirarlos muy discretamente, para que nadie más lo haga. Posteriormente el tirador le ofrece, para el conocimiento público, pero dirigido al que le sigue en turno un resultado, cualquiera que este sea, ya sea inventado por el tirador, o que sea el real, el que existe oculto debajo del vaso.

Quien recibe la oferta tiene dos opciones: aceptar la oferta o rechazarla. Si la rechaza destapa el vaso a la vista de todos y expone el valor real de los dados. En este caso si el valor real de los datos es igual o mayor a lo ofertado por el tirador, quien rechazó la oferta pierde; en caso contrario, quien pierde es el tirador. Por el contrario, si acepta la oferta el juego continúa, con la condición de que el nuevo tirador (quien aceptó la oferta del anterior tirador) venda un valor mayor al aceptado por el tirador anterior.

Esbozemos un ejemplo: Juan tira los dados y atisba que sacó un par de nueves, entonces anuncia "Tengo dos pares" (note que está mintiendo). Pedro, quien le sigue en turno, decide comprarle los dos pares, sin embargo está obligado a venderle algo más caro a Hugo. Hace su tiro Pedro y atisba. Le ofrece a Hugo anunciando "Tengo tercia". Hugo decide no creerle. Si no estuviera la tercia y en su lugar hubiera un tiro de menor denominación, como un o dos pares, Pedro perdería. Sin embargo al levantar Hugo el vaso descubre que había una Full, que es obviamente de mayor denominación que la tercia, entonces pierde Hugo automáticamente.

En pocas palabras, el juego es una constante ley de la oferta y la demanda, aceptando que si yo compro a un precio es porque estoy consciente que lo tendré que vender más caro más delante.

Lo interesante de analizar en este juego son las distintas realidades en las que se mueven los jugadores: Una es la realidad cruda, que existe y es palpable, pero oculta bajo el vaso: el valor de los dados; otra realidad es la que ocurre en la mente de participante, tratando de averiguar que está pasando en la mente del contricante, el vendedor vecino, para ver si nos quiere engañar, o nos está telegrafeando una jugada agresiva contra otro participante, o simplemente quiere pasar desapercibido en esta vuelta. Finalmente tenemos una tercera realidad: la colectiva, la presión que ejerce el grupo para que el individuo tome una determinación en base a las conveniencias grupales del momento.

Puede haber una tercia, el individuo cree que es muy comprable aceptar la tercía y un as para vender el full mas delante, pero el grupo lo presiona para que exhiba al tirador como un mentiroso por sus jugadas previas tomadas con disgusto por el grupo. Tres realidades que al final sólamente la de los dados es la que cuenta. Sin embargo las otras realidades son las que hacen divertido el juego.

Matemáticamente el juego puede ser analizado como un proceso de decisión de Markov parcialmente observable, y posiblemente ganemos los juegos y las pollas que se juntan, pero como esto no es posible, tenemos que fiarnos en nuestra realidad (intiución) y tratar de ser conscientes de la realidad colectiva.

Sicológicamente el hecho de que creamos que rechazemos una oferta mentirosa y la compremos gustosos, tiene más que ver con las realidades inexistentes, que tienen cabida en el grupo y en el individuo, que muy posiblemente estas realidades escapen de toda lógica y de toda realidad dura, pero mantengamos una ferrea fe en ello, tanto que sostenemos la apuesta. Deformamos la percepción de los hechos para ajustarlos a nuestra realidad que estará en confrontación constante con la realidad colectiva y tomaremos una decisión...