Cuba: sentido del momento histórico

Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos […]

—Fidel Castro. Discurso del 1º de mayo del 2000.

Cuando hablo de una sociedad igualitaria, sin clases sociales ni cadenas de necesidad material, donde mujeres y hombres sean verdaderamente libres, muchos de mis interlocutores replican con imágenes manidas del socialismo real: totalitarismo, escasez, control y vigilancia. Naturalizan lo convencional.

Hay una tendencia a restringir las posibilidades del acontecer a lo que ya está en nuestro saber del mundo, sin aspirar a comprender lo que nunca ha sucedido, desestimando traer a la existencia aquello que aún no la tiene.

No obstante, todo lo que nuestro conocimiento comprende ni siquiera agota al acontecer; más aún, aquello que juzgamos imposible puede que exista o, casi con seguridad, ya existió. Ni la experiencia abarca lo existente, ni lo existente circunscribe lo posible.

A sabiendas de lo poco fiables que son nuestras fuentes sobre regiones del planeta que llevaron, o llevan todavía, a cabo una «Revolución Proletaria», donde los explotados se liberan por sus propios medios, me oriento hacia la apertura de mi sentir sobre esas latitudes; palpar sus formas de organización para la producción y el consumo; contrastar mis prejuicios con aquello que me es permitido atestiguar. Percibir sistemas económicos, en cierta medida, contra-hegemónicos, cuyo fin no es la acumulación ni circulación de capital, sino la reproducción de la vida para todos. Por supuesto, esta experiencia está constreñida a la esfera del turismo, que no es más que una mirada de soslayo desde el balcón de las divisas.

Aspiro a observar lo existente para imaginar lo posible, desafiando las definiciones del pecado.

2018/03/05

El mismo lunes un autobús me llevó al aeropuerto de la Ciudad de México.

Mientras hacía cola para documentar, observé un fenómeno similar al atestiguado años antes para el vuelo a Pyonyang: viajantes, con pinta de ser oriundos del destino, documentando numerosos bultos, envueltos celosamente en plástico, cajas de pañales, televisores 4K, consolas de videojuegos, impresoras.

Tres chicas empujaban penosamente su carga lo largo de la fila. En cambio, delante mío, un chico con mochila al hombro, justo antes de pasar a mostrador, arrastró junto a sí un cargamento similar. Denotaba su experiencia.

Medité sobre el privilegio de aquellos cubanos que pueden viajar a México o E.E.U.U. y regresar a Cuba con facilidad. Tendrían acceso a mercancías que de otro modo serían complicadas de conseguir en la isla. Podríamos, además, aventurar que estos viajeros tendrían la posibilidad de hacer negocio. Pero ¿a qué tanto podrían ascender sus ganancias? ¿con cuánta frecuencia serían? Supongo que poco, como al origen del mercado, pre-capitalista y marginal a los sistemas de producción; sin embargo, bajo nuestro régimen mercantilizante, el mercado torna en Hiedra que amenaza, no sólo al humano, sino a toda la vida.

El aeropuerto José Martí es pequeño, viejo y un tanto oscuro comparado con otros que he transitado. Hecho un tanto desconcertante, dado que los aeropuertos son los nuevos palacios cuyo fin es azorar al visitante. Menos aún esperaba encontrar publicidad cuando un cartel gigante de Samsung Galaxy me recibió al pasar por migración.

Me fue notorio el uniforme de las operadoras y agentes aeroportuarias: minifalda, camisa beige, tacones y medias negras con estampados geométricos, similares a los vistos en cabaréts. La interpretación obvia sería insistir en la imagen hiper-sexualizada de la mujer cubana, expuestas desde el momento de recibir a los turistas, en un país estigmatizado por la fantasía occidental de prostitución exótica, barata y segura.

En Cuba me albergué un par de días en casa de P. Nos conocemos desde la preparatoria. Su familia, por asuntos laborales, está instalada en Cuba y, aunque hacía demasiados años no nos veíamos, al comunicarle que visitaría el país, de inmediato me ofreció una habitación en su casa. Y no solo eso, también propuso pasar a recogerme al aeropuerto. Así que, saliendo de migración, de inmediato encontré a A., asistente de la familia de mi amiga, quien me conduciría a casa de mis anfitriones.

Antes de apearnos le pregunté a A. por el cambio de divisas.

—Si son dólares es mejor cambiar en otro lado.

Su respuesta me transportó al mercado negro de divisas en Argentina, donde el tipo de cambio era ventajoso, muy por encima del oficial. Sin embargo, en Cuba, el mercado negro sólo tiene sentido para los dólares estadounidenses, debido a que en las CADECAs (casas de cambio) tienen un cargo extra, al contrario del euro y demás monedas.

Existen en Cuba dos monedas en circulación: La moneda nacional, o CUP, y el peso convertible, o CUC. Los salarios se pagan en moneda nacional, mientras que los CUCs son producto de las divisas. Un CUC tiene un valor de intercambio fijo: un dólar estadounidense. Mientras que un CUC equivalen a veinticinco CUPs. Esta disparidad tiene como consecuencia lógica que muchos cubanos busquen la manera de acceder a CUCs, siendo la forma más directa trabajar en hostelería y turismo para extranjeros.

Arribamos a casa de P. y su familia. Sus hijos, que se habían mantenido despiertos para conocer al amigo de su madre, me desearon buenas noches y volvieron a cama. Nosotros, los mayores, cenamos y conversamos.

2018/03/06

Mi segundo día en Cuba comenzó temprano. Fue la jornada de mayor intensidad perceptiva. Lo nuevo, lo diferente, aquello que urgía explicación, se agolpaba ante mis ojos.

P. me dijo la noche anterior que temprano iríamos al estudio de Rafael Pérez Alonso, donde asiste a un taller de grabado, después A. me dejaría en la plaza de San Francisco, frente a la Terminal de Cruceros Sierra Maestra, para comenzar allí mi exploración por la Habana Vieja.

El estudio es una bodega repleta de artefactos esparcidos: sillas, mesas por aquí y por allá; un tiburón-cadillac, aún sin terminar, colgando del techo; una mesa de billar con forma de continente americano; un sofá de alambre de púas esperando quien lo use. Y allí un collague del mapa de Cuba que me obsesionó: su geografía misma emana erotismo.

Collague del mapa Cuba.

Collague del mapa Cuba, por el artista Rafael Pérez Alonso. (2018/03/06)


—A. es un facilitador —confesó P. mientras desayunábamos—. En Cuba si no sabes los tejemanejes, es imposible llevar una vida normal, no la de turista-residente, y solamente los cubanos los conocen.

Como ejemplo contó la historia de sus cuatro gallinas: no ponían huevos; las alimentaban con sobrantes de comida, hasta que alguien les aconsejó darles pienso. El problema radica en que el pienso no está a la venta, aunque no prohibido, sólo no se vende al púbico; oficialmente se recomienda hacer pienso casero. Ante la dificultad de hacerse de alimento industrial, preguntó a A., si podía conseguirlo. Ahora comen huevo.

—Todo aquí es muy diferente —concluyó.

De nuevo la presencia de mercados negros junto a su carga ideológica.

Sería un error adjudicar exclusivamente a países de economías planificadas la existencia de mercados negros. Todos los países los tienen. Así se llaman porque entran en el espacio opaco de lo ilegal. Todo Estado tiene el monopolio de la gestión de ilegalismos, por lo cual constituye un gran negocio para quienes operan el Estado. Sin embargo, en el neoliberalismo, como el impuesto en México, dicho monopolio se ha privatizado. La gestión de lo ilegal ya no es asunto Estatal sino propiedad privada de grupos mafiosos luchando por beneficios, ordenando a subalternos el asesinato de maneras cruentas y espectaculares para asegurar el usufructo de los ilegalismos, mientras que ellos, administradores, los dictaminan desde el asepsia del poder.

Surge la pregunta ¿quién administra los ilegalismos en Cuba? ¿Algún burócrata o es propiedad privada de un grupo? ¿Acaso puede ocurrir que la administración de los ilegalismos sea cosa pública? Es decir, que los miembros de la sociedad participen de su gestión y uso, con mecanismos más o menos democráticos, mientras que el Estado se limite a observar, evitando que excedan de ciertas cuotas.

Podríamos relacionar esta idea con el famoso Paquete Semanal, un disco duro que pasa de mano en mano por los habitantes de Cuba. Contiene películas, series, software, música, etcétera, y se renueva semana a semana. Curiosamente no trae porno ni propaganda antisistema. (Resulta curioso cuando un problema de ancho de banda se resuelve con altísima latencia).

Durante el desayuno de cada mañana, antes de ir al colegio, los hijos de P. ven un episodio de una serie, Flash, cuando estuve allí, distribuida en el Paquete Semanal.

Luego de despedirme de P. y de Rafael, A. me llevó a la Plaza de San Francisco, donde comencé mi caminar por Habana Vieja.

Oficina del PCC.

Oficina, en un barrio de La Habana Vieja, del Partido Comunista de Cuba. (2018/03/06)


¿Explorar implica perderse? El extravío puede ser una grata experiencia a posteriori, cuando la sensación de control es recuperada y se configura como un reto del que se salió airoso. Tal vez su importancia estriba como ejercicio de auto-confianza, extensión de fronteras. Yo, por el contrario, he aprendido a estresarme; uno ya no es el mismo cuando se ha perdido por cinco minutos en las inmediaciones de Tepito. El GPS de los teléfonos móviles ha resultado el fetiche definitivo. En Cuba, Google Maps es prácticamente inútil, mientras, debemos decirlo alto y claro, los mapas de Open Street Map, realizados y compartidos por voluntarios a través de Internet, son impecables.

Entré en librerías de viejo que no hay pocas. Me alegró toparme con clásicos de Gramsci y Lukács. Encontré las obras completas de Lenin, edición de lujo, tapa dura, en varios tomos, pero hice de tripas corazón y los devolví a su estantería; no me apetecía cargar con ellos hasta México y luego España. Finalmente, resuelto a comprar algo simbólico, me hice de una edición cubana de «El Estado y la Revolución» que se cae a pedazos, por cinco CUCs.

Constantemente dudaba si los precios listados constaban en moneda nacional o convertible. Pocas veces se explicita. Prefería no regatear y pagar con los CUCs que traía en el bolsillo. Y casi siempre asumían moneda convertible.

Dos años antes, un grupo de amigos visitaron Cuba. La mayoría regresó con gastroenteritis. —Es el agua —resolvió P.. Me mostró sus dos filtros de agua, la cual, además, hierve para potabilizarla. El agua de La Habana es calcárea, deja una gruesa capa blanquecina en filtros y ollas. —Sólo bebe embotellada —sentenció. Y fue lo primero que desobedecí. El calor apretaba, había andado desde La Habana Vieja hasta La Plaza de la Revolución y vuelta. Sediento, me detuve en uno de esos abundantes expendios empotrados en salas de hogares, atendidos por sus habitantes. Compré un vaso de agua de limón, que me cobraron, sorprendentemente, en moneda nacional. No sabía a limón, aunque era sumamente densa y azucarada, cual jarabe. Y muy frío, lo cual agradecí. No fue hasta la última gota que recordé la amonestación. Di por hecho que me descompondría del estómago. Por fortuna, los síntomas nunca aparecieron.

El Museo de la Revolución fue la primer parada después de errar por Habana Vieja.

El museo está albergado en el Palacio Presidencial, sede del poder ejecutivo hasta Fulgencio Batista. Aún se mantienen las marcas del tiroteo en una pared, cuando un comando tomó por asalto el palacio. Sin embargo, es un museo modesto, sin despliegues tecnológicos. Allí, el Imperialismo, Yankee ante todo, es el Otro antagónico que justifica la exposición.

El Museo de la Revolución me confirmó simbolismo de México en el mito fundacional de la Cuba contemporánea: allí se conocieron el Ché y Fidel; allí entrenaron los ochenta y dos revolucionarios que se embarcaron en el yate Granma, desde Tuxpan, Veracruz, hasta las Provincias Orientales.

Otra vinculación con México es Julio Mella McPartland, fundador del Partido Comunista de Cuba, fugado a México durante la dictadura de Machado, donde participó en la revista El Machete, publicación oficial del Partido Comunista de México hasta nuestros días (no sin controversias). Amigo de Diego Rivera. Fue asesinado en circunstancias misteriosas, justo después de cenar con la fotógrafa Tina Modotti, a quien, el gobierno de México intentó inculpar.

Protesta de madres durante la dictadura de Batista.

Fotografía de una protesta de madres durante la dictadura de Batista. (2018/03/06)


Durante los grandes cambios sociales, la participación de las mujeres es decisiva. Al respecto, Marx, en una carta a su amigo Kugelmann, escribió:

[…] Cualquiera que sepa algo de historia sabe que los grandes cambios sociales son imposibles sin el fermento femenino. El progreso social puede ser medido con exactitud en relación a la situación social del bello sexo (feas incluidas). [la traducción es mía]

Ejemplos de este fermento femenino los vemos durante la Comuna de París, con personajes como Louise Michel; en las revueltas de mujeres obreras en la antigua Petrogrado, que precipitaron la Revolución de Octubre y dio fecha al Día Internacional de la Mujer.

Una fotografía me sale al paso. Es de una protesta de madres cuyos hijos fueron asesinados durante la dictadura de Batista, en enero de 1957. A finales del mismo año, el Movimiento 26 de Julio liderado por Fidel Castro, estableció su base guerrillera en Sierra Maestra. Ellas allanaron el camino social para la llegada de los guerrilleros.

Vienen a mi las madres de los desaparecidos en México, organizadas para buscar a sus hijos, excavando donde creen, o les dicen, hay fosas clandestinas; veo a las madres de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, que después de casi cuatro años de su desaparición forzada, durante los cuales el gobierno se ha cubierto de ignominia, ellos mismos son cártel y verdugo. También están las Madres de la Plaza de Mayo, en Argentina, que se niegan a abandonar la búsqueda de sus hijos desaparecidos durante la dictadura de Videla; cuarenta y un años de lucha. Pienso en las feministas radicales que luchan por un feminismo de clase y raza, dentro del Occidente incapaz de mirarse fuera de su propia ilusión de superioridad. ¿Cuánto falta para qué este fermento contemporáneo desencadene cambios sociales generalizados?

Entro a un salón dedicado a las mujeres que participaron en la Revolución. Descubro a Celia Sánchez Manduley y a Vilma Espín Guillois. Detrás de un gran hombre no hay una gran mujer, delante de una gran mujer hay un oportunista; y la historia la escriben los últimos.

El arquetipo masculino revolucionario, en nombre de la utopía, ha entregado su contrario, horizontes distópicos. Tal vez haya que deconstruir esta dupla, eliminar su masculinidad. El sujeto revolucionario surge de las periferias, desde los dominados, por tanto, de lo no-masculino.

Al final del recorrido está el yate Granma. Trajo a mi el recuerdo del pequeño museo en Wonsan, donde resguardan el vagón del tren en el que llegó victorioso Kim Il-Sung.

Almendrones de lujo.

Almendrones de lujo. (2018/03/06)


Una característica, creo, única de Cuba, son los coches clásicos, sobre todo de los años cincuenta: Cadillacs, Studebakers, Chevrolets, Dodges, Pontiacs. No soy versado en coches, pero en mi familia hay varios entusiastas, por lo que puedo apreciar el tiempo y recursos objetivados en los automóviles viejos.

Por supuesto, éstos clásicos no componen la totalidad del parque vial: hay muchos Moskvitch y Lada, de manufactura soviética, además de modernos Peugeots, BMW, Audis, etcétera.

¿Cómo se desarrolló este apego y cuidado por los coches estadounidenses de mediados del siglo XX? No se trata de coleccionistas aislados, sino de un fenómeno demográficamente significativo.

Con el triunfo de los Barbudos, EEUU selló sus fronteras y obligó a otros a imitarlos. Sin la posibilidad de renovación de unidades, las existentes fueron requisadas por el nuevo gobierno y reasignados entre la población. Según el discurso liberal, si alguien recibe algo del Estado, no lo cuida. El discurso, aquí, revienta, desvelando su rostro ideológico. Algo se descuida no por la forma como se recibió, sino porque no hay interés en cuidarlo, por desconocimiento tal vez, o hay intención de que se degrade, ya sea por parte del usuario, del productor o de quien lo proporciona.

Los cubanos, con coches asignados, luego propietarios, han sido capaces de arreglárselas, construyendo sus propias refacciones, manteniendo funcionales sus vehículos, ya que no dependen de una división atomizada del trabajo; cada individuo comprende una serie de saberes que lo faculta para sobrevivir en una organización social menos intrincada y compartimentada que la nuestra.

Por último, en Cuba existe una fascinación por Estados Unidos. Como mexicano, el gringo en abstracto lo percibo bajo la dualidad admiración-desprecio. Este gringo abstracto está en comunión indisoluble con sus mercancías, marcas e iconos, aún reflejan algo del caduco american way of life. Dicha percepción, productora de deseo, se puede explicar con el fetichismo de las mercancías, junto al desprecio de lo propio, el malinchismo. ¿Se reproducirá en Cuba la maldición de Malitzin? Sospecho que sí.

Estos automóviles clásicos, decíamos, llamados «almendrones», por sus perfiles curvos, cubren recorridos fijos y la gente puede pararlos, y por unos pesos en moneda nacional, lo dejan más adelante dentro de su ruta. Con la llegada de la figura del cuentapropista, los mejores modelos de almendrones, los más cuidados y vistosos, pasaron a ser taxis de lujo.


De camino al estudio del artista Rafael Alonso, P. me propuso comer juntos en un paladar que ella disfruta mucho: La Guarida. Es un antiguo palacete, donde además del restauran, viven allí familias.

Los paladares son restaurantes privados. Se llaman así para distinguirlos de aquellos bajo gestión estatal. El nombre se origina de una telenovela brasileña, cuya protagonista dirige una cadena de comida corrida (es decir, sólo menú del día), y la cadena se llama «Paladar».

Al acercarse la hora acordada, calculé la ruta en el Open Street Maps y me dirigí al sitio.

Caminar por las calles de La Habana, en particular Habana Vieja, como mexicano crecido bajo la ubicua amenaza, mantenía sensación de una constante intranquilidad. El vetusto escenario, asfalto y aceras cuarteadas, fachadas en deterioro, ojos sordos desde las grietas, reflejan lo que siempre significó para mi una alerta, ponerse en tensión, salir lo más pronto posible. Pero Cuba es así, y es segura. Una contradicción incapaz de hacer sinapsis en mi cerebro. Debía recordarme continuamente que no tenía motivos para echar a correr.

Los dueños de La Guarida aprovecharon el éxito de la película Fresa y Chocolate, de 1993, que tuvo como locación ese mismo palacete de principios del siglo XX, convertido en multifamiliar después de la Revolución, y allí albergaron su establecimiento. Los dueños son los mismos vecinos, devenidos socios.

Al subir las escaleras, que conducen a las mesas, se pasa por un área utilizada por los vecinos como tendedero. La imagen es maravillosa: entrevera el quehacer cotidiano de la vecindad con el negocio gastronómico, formando una atmósfera de simultánea intimidad y bienvenida.

Tanto P. como yo somos vegetarianos. Fue una grata sorpresa; el "¡yo también!" fue un momento de inesperada complicidad. En La Guarida, ambos ordenamos yuca con mojo, arroz congrí y caviar de berenjena. B., marido de P., ordenó, por su parte, pescado.

Paladar La Guarida.

Tendedero del Paladar La Guarida. (2018/03/06)


Mientras comíamos, la charla serpenteó diferentes territorios. Uno de ellos, fue que, desde la oficialidad, se promueve la idea de que todas las luchas sociales del pueblo cubano, desde su independencia de España, los conflictos con Estados Unidos, luchas internas, la guerrilla de Fidel, son momentos concretos de una misma Revolución; una misma categoría que va apareciendo con diferentes determinaciones a lo largo de la historia, ya que todos comparten un mismo horizonte, una misma utopía.

Me parece interesante esta visión. Es una rectificación de los socialismos del siglo XX, que consideraban, una vez el proletariado toma el poder, el movimiento revolucionario concluye. Por eso Žižek pregunta «¿qué ocurre el día después de la Revolución?».

La conversación siguió sus meandros.

—Entre todos los países en donde han vivido ¿cuál ha sido el mejor? —aventuré a preguntar.

—Guatemala es muy bonito —contestó P. mirando a B, después de meditar un poco.

—… si eres rico —completó B—. Si eres pobre es una sentencia de muerte.

—Cuba es una locura —continuó P—. Pero si naciera pobre y pudiera escoger un país, elegiría Cuba, sin dudarlo. Aquí podría vivir, mientras que en Guate o México…

Bajé la mirada y terminé la idea para mis adentros: en México la pobreza equivale a morir de hambre o en una balacera. ¿Y en Europa? Allí no viven pobres, sobreviven ilegalizados.

—¿Qué te parece ir a un concierto de tambores esta noche? —dijo P., cambiando el tema.

Acepté encantado.

Quedamos entonces vernos afuera del teatro Mella media hora antes de la apertura de puertas.

Pareja y coche.

Pareja y coche. (2018/03/06)


Centro comercial.

Plaza Carlos III. Centro comercial en La Habana. (2018/03/06)


Después de la comida, dirigí mis pasos hacia la Plaza de la Revolución, hito de la geografía habanera, donde las siluetas de los rostros, en acero, de Camilo Cienfuegos y Che Guevara, contemplan los últimos eventos de la historia, repitiendo sus célebres frases.

El calor era intenso y el Monumento a José Martí cerrado, así que no me quedé en la plaza. Sin consultar opciones, decidí volver a la Habana Vieja.

Camilo Cienfuegos en la Plaza de la Revolución.

Camilo Cienfuegos en la Plaza de la Revolución. Vas bien Fidel. (2018/03/06)


Ernesto Che Guevara en la Plaza de la Revolución.

Ernesto Che Guevara en la Plaza de la Revolución. Hasta la victoria siempre. (2018/03/06)


Caminé de regreso por la misma avenida Salvador Allende que había ya recorrido. Al cruzar Padre Varela, esperando el cambio de luces, un viejo desdentado con bastón, se detuvo a mi lado. El semáforo nos dio el paso pero un coche aceleró y debimos detenernos para evitar ser arrollados.

—Hay que ser cuidadoso en esta esquina —aseveró el viejo.

La conversación con extraños me incomoda, así que me limité a asentir. El viejo continuó andando a mi lado. Caminaba con dificultad, apoyándose en su bastón. Aún así, insistía en mantener mi paso.

—¿Qué tú estudias? —inquirió.

Me sorprendió la confianza de su pregunta. Coincidir en una esquina era motivo suficiente para enterarse de la vida de quien está a un lado. Por supuesto, me halagó suponerme estudiante.

—Ya no estudio —contesté mientras observaba su uniforme de cubano viejo: pantalón de lino, guayabera abierta, camiseta de tirantes y collar con un pequeño crucifijo.

—¡Ah! ¿De dónde tú eres?

Para esta pregunta no tengo respuesta inmediata. Media una confusa explicación. Dejo entonces que la piel y la sangre se pronuncien.

—Soy mexicano.

—Tengo parientes en México. ¿Michoacán? Mi abuelo era de allá. Todos los López en Cuba venimos de México. Aquí me quedo —dijo señalando la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús a nuestra derecha. —Disfruta tus vacaciones.

Seguí mi camino meditando que ni Rusia ni Cuba olvidaron su religiones, ortodoxa y católica. La pertenencia a una religión organizada otorga una identidad muy necesaria para muchas personas.

Pensé en aquél cansino cliché de que en las geografías con bajas temperaturas la gente es hermética, mientras que en las calurosas, dos desconocidos pueden charlar largo rato porque comparten fila o aguardan el semáforo. ¿Una diferencia de diez grados constituye el derecho a abordar a un desconocido? No es exclusivamente una cuestión climático-cultural. Mientras más desarrollo capitalista tenga una región, la relación entre personas será a través de las mercancías que consumen: coches, guardarropa, tecnología. Las posesiones anuncian sus personalidades y destinos. En sociedades con menor desarrollo mercantil la gente se relaciona entre sí sin mediaciones objetivadas, se abordan confiando en la apertura del otro.

Dominó.

Tarde de dominó cubano. (2018/03/06)


Vagabundeé de nuevo por Habana Vieja.

Debido a que al día siguiente mis anfitriones saldrían de la ciudad, debía mudarme a un bed & breakfast. B. tuvo la amabilidad de recomendarme uno que visité al volver.

Compré un helado y me senté una acera de Plaza Vieja, viendo turistas, quienes como yo, devoraban cucuruchos para mitigar el calor.

Evalué lo que me llevaría caminar hasta el Teatro Mella. Debía regresar al barrio de Vedado, donde está la Plaza de la Revolución. Sería algo más de una hora. Miré el reloj para fijar el momento de comenzar la caminata.

Al llegar al teatro mis piernas temblaban. Había andado todo el día y estaba agotado, sudoroso, sediento. Mientras, el resto de la gente esperando entrar al teatro, vestían ropa de fiesta y olían a ducha.

P. y B. me encontraron y entramos al teatro.

Fue espectacular. Los percusionistas en cartelera de la Fiesta del Tambor son los mejores del mundo. Tuve el placer de escuchar a Antonio Sánchez, batería mexicano, quien hizo la banda sonora de la película Birdman. A partir de ese momento fui un converso, un fan de Antonio y su jazz.

Antonio Sánchez.

Presentación del trío de Antonio Sánchez en La Fiesta del Tambor 2018. (2018/03/06)


Fiesta del Tambor 2018 (2018/03/06)

2018/03/07

Miércoles. Desperté adolorido por los excesos de la víspera. El nuevo día exigía moderar.

Pregunté a P. si podía dejar la mayor parte de mi equipaje en su casa y cargar con estrictamente lo necesario durante los sucesivos días. Accedió con gusto, por lo que, después de la ducha, preparé la mochila pequeña, dejando el resto lo mejor empacado que pude.

—Esta mañana un grupo de amigas haremos una visita guiada por algunos edificios de la Habana Vieja. ¿Te apuntas? —me preguntó P. durante el desayuno.

Palacio del Marqués de Arcos.

Palacio del Marqués de Arcos en La Habana. (2018/03/07)


Nuestro guía, Antonio Quevedo Herrero, es experto museógrafo y director de varios museos en La Habana. Antonio exponía con pasión y profundidad. Cada pequeño detalle en los edificios son atravesados por historia, vidas y sucesos privilegiados: piratas, inquisidores, esclavos, aventureros, taínos, escritores, mafiosos. Todos dejaron improntas en la geografía habanera, visibles para el ojo educado. Antonio discursaba sobre los objetos exhibidos tal venerables reliquias: botellas de cerveza, tapices, botones de hueso. Largo rato admiramos azulejos estilo Delft, así como muebles, de estética afroantillana, hechos con palma barrigona, nativa de Cuba.

Los edificios visitados están en restauración. Tras varios años de negligencia, la mayoría asignados y repartidos como casas después de la Revolución, están siendo rescatados, dado su valor histórico, y recuperen su esplendor original.

Ejemplo es el Palacio del Marqués de Arcos, donde se ambientó la película «Cecilia Valdés», basada en la novela homónima. Allí tuvimos la oportunidad de atestiguar el programa Aula-Museo: varios museos albergan un salón de clases para grupos de educación primaria. Así, durante un semestre, un grupo toma clase, diariamente, en uno de estos museos, procurando su patrimonio artístico e histórico.

Grupo guiado por Antonio Quevedo.

Visita guiada por Antonio Quevedo Herrero, director del Museo de Arqueología y del Castillo de la real Fuerza, por varios edificios restaurados de La Habana Vieja. (2018/03/07)


Terminado el recorrido comimos bocadillos veganos en un paladar próximo, para luego despedirme de mi anfitriona. Me dirigí al B&B donde pasaría la noche para dejar la mochila.

Ya no tenía compromisos, era libre de hacer lo que quisiera. Sin nada en mente, la angustia de les temps perdu se cernía. Determiné ver el cañonazo que todos los días disparan desde el Morro, beber Daiquirís en La Floridita y hacerme de una conexión a Internet.

Lo último era prioritario. En las ciudades cubanas hay áreas con cobertura de Internet inalámbrico, como parques y esquinas. Se tratan de hotspots cautivos en los cuales, para acceder a la conexión, se requiere un número y una contraseña. Estos se obtienen rascando tarjetas de prepago, llamadas Nauta, como solía hacerse con la telefonía móvil.

Me habían dicho que los extranjeros podíamos comprar dichas tarjetas en lobbies de hotel. En todos a los que fui me dijeron que se les habían terminado. Supuse que era mentira para no decir que únicamente los ofrecían a sus huéspedes. En un hotel, al notar mi desesperación, me indicaron comprarlas en oficinas de ETECSA.

ETECSA es la empresa que vende y administra estos hotspots, así como todos los servicios de telecomunicaciones a particulares en Cuba. Son siglas de Empresa de Telecomunicaciones de Cuba, S.A., de capital enteramente estatal y fundada en 1994, según Wikipedia.

En las puertas de sus oficinas casi siempre hay cola de cinco personas o más, aguardando hacer diversos trámites. El guardia deja pasar un cliente cuando otro sale. Aunque hay varias mesas de atención al cliente, es frecuente hacer una hora en la cola bajo el sol. Una vez dentro, la funcionaria pide una identificación y el tipo de tarjeta a comprar. Hay tarjetas de una y cinco horas, costando un CUC la hora. Registran los datos de la identificación junto a los números de serie de las tarjetas entregadas.

Después de desesperar en la cola escuchando a otros sus tribulaciones, compré dos tarjetas de 5 CUCs. Ahora sí podría dedicar mi tiempo a mi exclusiva satisfacción.


Caminé a La Floridita. Allí, dicen, Hemingway se emborrachaba a punta de Daiquirís. Era mi oportunidad de emularlo, al menos bebiendo. Junto a la Floridita está la librería «La moderna poesía». Entré para ver publicaciones recientes, ya no de viejo. Me acerqué a la dependienta quien prefería escribir números en una libreta. Al interrumpirla con un "disculpe" me miró con aburrimiento.

—¿Tienen la novela Cecilia Valdés?

Su rostro se iluminó, sus ojos se abrieron y su mueca de hastío trocó en sonrisa.

—¡Es una novela hermosísima! —contestó—. Retrata La Habana decimonónica con sin igual belleza. Toma, el último ejemplar que me queda.

Salí de allí contento por haber conectado literariamente. Yo ya no era un simple turista buscando souvenires del Che.

Me metí a La Floridita y pedí un Daiquirí, que bebí de un trago. De inmediato reconocí mi error: me había emborrachado súbitamente. Ni en eso puedo imitar a Hemingway. El lugar estaba a reventar de extranjeros, era imposible sentarse. Enfrente hay una pequeña plaza con conexión a Internet. Salí, me senté en una jardinera, saqué una de las tarjetas, la raspé y me conecté con mi móvil.

Lo primero que hice fue un traceroute. Me intrigaba por dónde se enrutaba Internet. Suponía que por Venezuela, pero no, el resultado indicaba que el backbone va por República Dominicana.

Luego de perder el tiempo salí de mi letargo para caminar algo más. No pasó mucho cuando me percaté que había perdido la tarjeta recién estrenada. Quedaban casi cinco horas de conexión. Volví a la plaza con la esperanza de encontrarla. Imposible. Alguien más usaría esas horas. Pensé, "ojalá no sea un mal intencionado, ya que la tarjeta está asociada a mi identidad y si la red es supervisada (lo más probable)…". ¿Qué tan frecuente será el robo de tarjetas Nauta?.

La Floridita.

Espectáculo musical en la Floridita de La Habana. (2018/03/07)


Los retazos de tarde fueron desperdigados por Habana Vieja. La noche llegó al Malecón esperando por el cañonazo del Morro. Decepcionado por el espectáculo, busqué un lugar donde cenar. En un bar, cercano a un punto WiFi, comí y ordené un mojito. Nunca hubo uno más amargo y desabrido. Aún así lo empujé. Se interiorizó.

Cuba está poco iluminada de noche. El alumbrado público es limitado. Las estrellas brillan donde aún pueden hacerlo. La mayoría de la luz artificial en las calles es aquella que brota de puertas y ventanas, a cambio del fresco nocturno.

Había pasado la mayor parte del día solo. Nadaba entre pensamientos desastrados, recuerdos del deseo disciplinado en silencio.

En uno de esos diminutos expendios de café y bebidas, improvisados en recibidores de casas, desde el interior se proyectó la imagen de una chica negra, muy joven, de pelo largo, liso, con facciones delicadas. Sumamente atractiva. La observé un instante. Ella bebía una taza de café cuando se percató de mi mirada. Inmediatamente dejó su café a un lado para lanzar un guiño y entornar un beso al aire.

Emergió desde mis entrañas regocijo en expansión. Sonreí de vuelta. Mas no disminuí el paso. Dejé atrás a la chica y su luz. Preferí conservar el gesto como ese vate que descubre una flor en el camino: la contempla sin arrancarla.

Parque Cristo.

Parque Cristo de noche. (2018/03/07)


Uno de los fenómenos más interesantes del atardecer habanero son sus parques y plazas ocupadas por navegantes de Internet con sus móviles.

Navegar, el epítome del aislamiento, se desplaza a espacios públicos en Cuba. Ensimismados igual, pero al salir no hay una habitación, sino aire fresco. ¿Es mejor?

Sin dejar que la noche explotara, me dirigí al B&B. Al día siguiente comenzaría el periplo. Me encontraría con Alex, quien sería mi guía durante las próximas jornadas, desde Pinar del Río a Sancti Spíritus.

2018/03/08

Me encontré con Alex más tarde de lo esperado. El problema fue el diferencial de impedancia tecnológica: él esperaba que le llamara y yo lo buscaba por WhatsApp. El teléfono dejó de ser para mi, un medio de comunicación; demanda una desagradable sincronía. Telefonear es la última y más grosera opción. La mensajería instantánea la sustituye.

No fue hasta que me resigné a esta última opción cuando pude hablar con Alex, reflejo de mi lenta capacidad de ponerme en las circunstancias del otro, para quien el mensajero instantáneo exige más que llamar.

Lo primero que hicimos fue ir a una CADECA a cambiar euros. De nuevo, había una larga fila. Tras nosotros estaba una chica de unos cuarenta años, morena, facciones redondas, piel lisa, ojos negros y grandes. Discutía con desparpajo con otras señoras con quienes también compartíamos fila.

—¡Todos los hombres son infieles! —imprecó.

—Yo no soy infiel —reclamó Alex, entrometiéndose.

—¡Pues tú tienes cara de ir tras cualquier falda! —contestó ella de inmediato.

—Si tú a mi no me conoces.

—No hace falta. Tu cara te delata.

La conversación viró hacia nosotros, relegando a las señoras. Locuaz y desordenada nos confió su biografía: Nació en la provincia de Guantánamo. Quedó huérfana a temprana edad, se crió con sus abuelos, campesinos, de quien heredó la forma de vida.

—Es muy duro recoger la papa —dije, tirando de empatia.

—¡Para nada! Duele la espalda y ya —contestó. —Duro es cosechar café. Pizcar grano por grano.

—Pero no estás agachada.

—¡Las malditas hormigas! Unas pequeñitas que están en las ramas, brincan, se cuelan y te pican sin piedad. Pero hay que aguantar y seguir recogiendo esas malditas bayas. Además el calor. Se te olvida tomar agua ¡y allí quedas! Por eso me largué. No podía seguir. Allá todos me odian; dicen que estoy loca. Un día agarré a mi hijo y me vine para La Habana. Yo, por mi hijo, hago lo que sea.

—¿Y acá? —pregunté con curiosidad.

—Entré a trabajar de limpiadora en una casa de huéspedes —contestó e hizo una pausa sin mirarnos—. Fue cuando comenzaron a llegar los extranjeros. Yo por mi hijo hago cualquier cosa. Por eso te digo, que yo bien lo sé, todos los hombres son infieles. No hay ni uno decente. ¡Ni uno!

Hubiera deseado que Alex aceptara en silencio su verdad, mas contestó a la defensiva —¡Eso no es cierto!.

Las verdades absolutas son poco útiles. Jamás podemos fiarnos ciegamente de ellas. Ni gravedad ni geometría.

—Ahora estoy con éste italiano —continuó. —Es bueno conmigo y con mi hijo. —Otra pausa y mirada perdida. —Me da asco. Sólo pensar tocarlo me revuelve el estómago.

Como si la alusión lo invocara, se acercó un viejo renqueando, sus ojos vidriosos lagrimeaban, color amarillo-azul-rojizos; un rictus por el que escurría saliva; vestía chanclas hawaianas con calcetas sucias, pantalones cortos con piernas varicosas, una camiseta que no terminaba de ocultar su flácida barriga. Él le entregó unos billetes de cincuenta euros mientras balbuceaba algo en italoespañol.

—Sí mi amor —contestó ella. Otra pausa. —¡Uf!… Pero él es bueno. Está tramitando la visa para mi y mi hijo. Tal vez vayamos a Italia con él.

"Ojalá", dije para mis adentros mientras recordaba aquella recepcionista del hotel de Cancún que me confesaba, entre risas, que esperaba a la "visa" de su vida.

—Además, ya no tengo que trabajar —continuó. —Sólo cuido de él. Ahora puedo darme algunos lujos, lo que nunca antes había podido.

Fue entonces cuando tocó nuestro turno para entrar a la CADECA. Al salir, nos despedimos de ella.

—La guantanamera está loca loca —exclamó Alex apeándose. Yo me encogí de hombros, pensando que las hormigas del café siguen sobre su cuerpo.

Complejo turístico Las Terrazas.

Complejo turístico Las Terrazas. Provincia de Artemisa. (2018/03/08)


Nos dirigimos hacia las provincias occidentales. A Artemisa primero, al Complejo Turístico Las Terrazas.

Alex, en el camino, me habló sobre Polo Montañez, guajiro oriundo de la región, quien por gracia del destino fue descubierto como cantante y compositor, logrando un rotundo éxito en toda Latinoamérica. En la cúspide de su carrera, llenando estadios, al salir de una fiesta, bebido, se estampó contra un camión, muriendo instantáneamente.

Las Terrazas está en la Sierra del Rosario, declarada reserva de la biosfera por la UNESCO, en 1984. Proyecto de turismo ecológico, cuyos edificios están diseñados para tener el menor impacto ambiental, imitando el estilo y materiales de los bohíos autóctonos.

Visitamos, también, la casa-museo de Polo Montañez, custodiada por la hermana del cantautor.

Cascada El Salto, en Soroa.

Cascada El Salto, Soroa. Provincia de Artemisa. (2018/03/08)


Cuando llegamos a las cascadas de El Salto había un grupo de jóvenes rusos.

—Reconozco el idioma —explicó Alex. —En Cuba se estudiaba ruso como segunda lengua. Creo que ya no.

Junto a la cascada más grande había un mulato tras una mesa que apilaba piñas y botellas de ron. Vendía «piña colada». No había electricidad, mucho menos licuadora ni hielo. Hacía calor, así que decidí comprarle una. Partió una piña, que previamente tentó como la más madura, con un saca-centros extrajo la pulpa, que luego molió con un pilón dentro de la cáscara; vació un cuarto de botella de ron y me la entregó con un popote.

Fue otra vez un jarabe extremadamente dulce, pero ahora tibio.

—¿Qué tal, amigo?

—Muy dulce —contesté tosiendo por el alcohol.

—Démelo. Eso se arregla fácil.

Y le echó otro chorretón de licor.

—¿Qué tal ahora? —preguntó al devolvérmelo.

—¡Muy bueno! —preferí contestar.

Mientras empujaba el brebaje me señalaron que había un tocororo cantando en una rama. Me fue difícil verlo debido a la densidad de los árboles.

—Es el ave nacional —explicó Alex con orgullo. —De su plumaje vienen los colores de la bandera.

El grupo de rusos viajaban en un destartalado camión de carga, adaptado para personas. Uno de los chicos sacó una varilla para introducirlo por el tanque de gasolina.

—Ese camión no tiene medidor de gasoil. Así saben cuánto les queda —explicó Alex al notar mi curiosidad.

Campo de beisbol en Viñales.

Campo de beisbol en Viñales. (2018/03/08)

Terminamos el día en una casa de Viñales donde había alquilado una habitación por 25 CUCs, desayuno incluido, muy cerca del campo de beisbol. Todas las poblaciones cubanas tienen al menos uno.

2018/03/09

Fuimos a ver los mogotes del Valle de Viñales desde un mirador. Tiñosas solitarias surcaban el aire caliente matutino.

—Por aquí vive una comunidad conocida como Los acuáticos —me contó Alex, mientras observábamos el paisaje. —No se consideran a sí mismos cubanos. Pero el gobierno ha respetado su autonomía. Son como una secta. Creen que el agua cura todos los males. Por eso se llaman así. Viven entre ríos y cascadas. No aceptan la medicina hasta que es demasiado tarde. Y como están muy aislados, les es casi imposible trasladar a sus enfermos. Hoy en día casi no quedan. Muchos abandonan la comunidad. Los jóvenes sobre todo.

Tiñosa sobre valle de Viñales.

Tiñosa sobre valle de Viñales. (2018/03/09)


Mogotes.

Mogotes en el valle de Viñales. (2018/03/09)


Fuimos a la Hacienda «José Luis y Luis», una tabacalera que recibe turistas con regularidad y ofrecen una breve explicación sobre la manufactura del puro.

El arbusto del tabaco produce tres tipos de hoja, dependiendo de su posición en la planta: altas, medias y bajas. Las primeras son las más finas y escasas, mientras que las últimas son gruesas y abundantes. Las medias son las cotizadas. La diferencia entre las marcas de puros exportadas por Cuba está en la composición de las hojas dentro del habano. Si tiene más hojas centrales o menos. Así, una misma tabacalera, dependiendo de su cosecha, produce tanto Cohiba como Montecristo, o Romeo y Julieta. Las marcas no son cuestión de empresas competidoras, sino de la producción concreta.

También dimos un paseo a caballo mientras fumamos.

Uno de mis recuerdos más remotos es haber paseado a caballo en la Alameda Central de la Ciudad de México. Eso dista mucho de saber montar. Por lo que me asignaron una yegua mansa y parsimoniosa, llamada Lucero. Me enamoré perdidamente de ella. Era gentil y cuidadosa en su trotar por el monte. Respondía instantáneamente al silbido de su cuidador.

Más adelante, en una hacienda vecina, paramos para beber café y un trago de ron. Allí compre miel de abeja angelita, o abeja de la tierra. Es una abeja que construye nidos subterráneos, cuya miel es deliciosa sin llegar a empalagar.

Tabacalera.

Tabacalera en Viñales. (2018/03/09)


Fuimos a comer a Pinar del Río, capital de provincia. Personalmente asumía que ser vegetariano en Cuba sería relativamente fácil. Sin embargo puede no ser así, como allí ocurrió. Todos los paladares que recorrimos, en el centro de la ciudad, únicamente ofrecían platos con carne. Cuando preguntábamos si podían quitarla, nos miraban raro.

—¡Antes todos éramos como tú! —me dijeron en algunas ocasiones entre carcajadas.

Alex entonces preguntó, en uno de estos paladares:

—Óyeme ¿dónde puedo comer comida normal, para cubanos?

—Pues aquí.

—¡Esto es para turistas!

Yo estaba avergonzado. ¿Cómo podía preguntar en un negocio por su competencia? La repuesta más probable debía ser un insulto, o, en el mejor de los casos, una recomendación de sorna. He interiorizado la competitividad hasta la médula. El Otro, el desconocido, competirá en contra tuya, sin esperar colaboración, mucho menos desinteresada.

Increíblemente la dependienta llamó a otra chica, y reformuló la pregunta. Esta otra chica, con suma amabilidad, nos acompañó hasta una fonda donde los chóferes de transporte público almorzaban, a unas cuatro manzanas de donde estábamos, tras la estación de autobuses.

Yo no salía de mi asombro: ¡Es posible confiar en el Otro! El prójimo, el gran desconocido no es un sádico egoísta.

La fachada era de una casa particular, con un gran letrero que anunciaba «Yutong» sobre la imagen de un autobús. Al entrar nos recibieron mesas circulares rodeadas por sillas; sobre las mesas, servicios de cubiertos y servilletas; tras ellas, camareras en blusa blanca, minifaldas negras, zapatos de tacón y las sempiternas medias negras con estampados.

—Yutong es una marca de guaguas chinos. Enormes —explicó Alex al sentarnos. —Yo los he conducido. Eres dueño de la carretera. Todos deben hacerse a un lado —hizo una pausa para luego decir divertido. —También a las botellas de ron más grandes se les llama así.

Comimos arroz congrí, ensalada de tomate y pepino, acompañado por fritura de malanga. Alex, por su parte, pidió carne de cerdo en salsa. Y de postre, uno de los mejores flanes de queso que he comido. La cuenta de ambos fue de ocho CUCs.

Calle de Pinar del Río.

Calle Martí, en Pinar del Río. (2018/03/09)

Le pregunto a Alex cuál ha sido su peor experiencia como chófer de turistas.

—Con un grupo de Israel. Lo peor. Eso sí, repartían mucha plata. Pero solamente venían por muchachas. Mientras más jóvenes, mejor. Solían compartirlas.

Calló un instante mientras conducía, como repasando con frustración aquellos momentos.

—Un día vi que iba con ellos una muy jovencita —continuó al fin. —Le pregunté "¿qué edad tú tienes?". Me dijo, dieciocho. ¡Tu no tienes ni quince!. Y no permití que se subiera a la guagua.

Volvió al silencio, reflexionando, para concluir.

—Pero en general viene gente buena a gastar su dinero, disfrutar del Caribe, lo que no tienen en sus países fríos. Sólo estos viejos me dejaron el cuerpo mal. Seguro van a sus Sinagogas y se presentan intachables ante sus familias.

2018/03/10

Sábado. Nos dirigimos al oriente. Cruzamos La Habana y la provincia de Mayabeque. El destino, la ciudad de Cienfuegos.

El primer alto en el camino fue Ciénaga de Zapata, en la provincia de Matanzas, el mayor humedal de Cuba y uno de los más grandes de Latinoamérica, declarada reserva de la biosfera por la UNESCO, en el 2000. Me uní a un recorrido en lancha por la Laguna del Tesoro, hasta un conjunto de islas, donde una de ellas alberga la reproducción de una aldea taína. En el recorrido iban una muchacha de la República Checa, otra de Georgia, EEUU, y una más de Carolina del Norte.

Después de recorrer la isla, mientras esperábamos a las estadounidenses quienes dilataban, conversé un momento con Ivana, la de Chequia. Me contó que residía en la capital, Praga. Era su primera vez en el continente americano. Había venido con un grupo de amigos, quienes habían alquilado una casa de playa. Llegó a la Ciénaga sola, en bicicleta, porque el lugar carecía de interés para sus amigos. Se mudaría a Zurich al volver de Cuba.

—¿Te tocó la época soviética? —le pregunté.

—No. Nací después de la «Sametová revoluce». Veo Cuba y me imagino que sería algo parecido a lo que vivieron mis padres.

Nenúfar en ciénaga de Zapata.

Nenúfar en ciénaga de Zapata. (2018/03/10)


En las islas de la laguna descubrí colibríes entre la maleza, zumbando de una flor a otra. Sobre el lago vi nenúfares; pensé en el pulmón de Chloé, cuando la espuma de los días anegó las riquezas de Colin.

Cayama.

Cayama en Ciénega de Zapata. (2018/03/10)


Regresando del paseo, Alex y yo comimos en una casa de pescadores, cercana a la ciénaga. Malanga frita, col, tomate y arroz congrí. En esta ocasión el congrí llevaba una especia bastante curiosa: se anuncia en boca como un fuerte chile habanero, pero al que nunca llega la irritación acostumbrada.

Carretera a Playa Girón.

Carretera a Playa Girón. (2018/03/10)

Después de comer fuimos al Museo Municipal Playa Girón, dedicado al asalto de las tropas mercenarias de origen cubano, con apoyo militar estadounidense, en abril de 1961. Playa Girón y Playa Larga son dos puntos de Bahía de Cochinos, donde se desarrollaron las batallas del día 17 de abril. Los invasores fueron vencidos y el gobierno de Estados Unidos quedó en evidencia.

Mientras bebíamos una cerveza afuera del museo, conocimos a una joven catalana que rodaba, en bicicleta, toda Cuba en solitario. Alex, aficionado al ciclismo, y y yo quedamos asombrados, no sólo por su osadía, sino porque recorría la isla en sentido contrario a lo recomendado, es decir, en contra del viento y cuesta arriba la más de las veces. A lo que ella se limitó a contestar, con una sonrisa de oreja a oreja: —No lo sabía.

Antes solía fantasear sobre el futuro. Ahora me dedico a fantasear el pasado: me imaginé adolescente, viajando con mochila al hombro por Cuba. Sería una aventura fantástica. Compartir con extranjeros, de toda condición, experiencias de resistencia y generosidad. Mejor Cuba que mochilear Europa.

Nos dirigimos a Cienfuegos, donde pernoctaría en una casa de huéspedes. La cocinera, una señora mayor, supo que venía de España, así que cuando me trajo la cena, me expresó su admiración por Karlos Arguiñano. No recuerdo la cena, salvo la dulzura de la señora, su difícil andar y su devoción por el cocinero vasco.

Salí por la noche al Paseo del Prado, la avenida más emblemática de Cienfuegos, a un espacio con acceso a Internet inalámbrico. La juventud pululaba festejando el fin de semana, como en tantas otras ciudades. Las chicas paseaban muy arregladas, extremadamente guapas. Piel tostada exhibida sin remilgos.

2018/03/11

Domingo. Cambio horario y elecciones. A las siete y media de la mañana caminaba por las calles de Cienfuegos. En la noche anterior había visto mucha basura por las calles, ahora estaban limpias; los juerguistas y las muchachas guapas también habían desaparecido con el sol. Desde mi llegada a Cienfuegos no paraba de tararear pero qué bonito y sabroso bailan el mambo las mexicanas [1], de Benny Moré, oriundo de la provincia.

Las elecciones definirían tanto la Asamblea Provincial como la Nacional. Y éstas constituirán el primer gobierno sin los Castro, desde la Revolución, ya que, al igual que en los países con gobiernos parlamentarios, es la Asamblea quien designa a los ministros.

Pasé frente a una casilla electoral. Sólo vi viejos haciendo cola para votar. Me detengo a leer las biografías de los candidatos a diputados y delegados de la circunscripción:

CANDIDATO A DIPUTADO
A LA ASAMBLEA NACIONAL DEL PODER POPULAR
IX LEGISLATURA

Fecha y lugar de nacimiento.

Estudios, experiencia laboral, trabajo social —por lo general dentro de los Comités de Defensa de la Revolución

Reconocimientos académicos, méritos militares, laborales o de organización.

Las campañas electorales se limitan a colocar estas hojas de vida de los candidatos de la zona en casillas y colegios electorales. Cualquier otro gasto de campaña está prohibido.

Paseo del Prado de Cienfuegos.

Banda sobre el Paseo del Prado en Cienfuegos. (2018/03/11)


Pregunto a Alex más tarde, cuando viajábamos rumbo a Trinidad:

—¿Sólo el Partido Comunista puede nominar candidatos?

—No. El Partido no nomina a nadie. Los vecinos de la circunscripción postulan a los delegados, y puedes ser postulado sin pertenecer al Partido.

Recordé con vergüenza cuando de niño, me dijeron que en Cuba había un solo partido político y yo, inmediatamente relacioné esto con la ausencia de democracia. La democracia, consideraba yo con estulticia, únicamente es posible a través del multi-partidismo.

No fue hasta hace poco que entendí que las instituciones que consideramos normales y absolutas, no son ni una, ni la otra. Han existido únicamente durante un instante. Es la ideología quien las presenta como algo natural e inevitables.

—¿Y los delegados y diputados se dedican a la labor parlamentaria de tiempo completo? —pregunté después.

—No —contestó Alex. —Ello siguen con sus trabajos habituales. Si los promueven como secretarios, ministros, o lo que sea, ya se dedican a la política por completo.

Calle San Fernando en Cienfuegos.

Calle San Fernando en Cienfuegos. A un lado el Parque José Martí, al otro el edificio del Poder Popular Provincial, y al fondo el Palacio Ferrer. (2018/03/11)


Palacio de Valle en Punta Gorda, Cienfuegos.

Palacio de Valle en Punta Gorda, Cienfuegos. (2018/03/11)


El plan era cruzar el estrecho que da salida a la Bahía de Cienfuegos en un ferry para ir a la Fortaleza. Sin embargo, no llegó.

La gente mientras aguardaba, cogía peces con cañas de pescar improvisadas, conversaban, compartían los rumores sobre el barco. La causas del retraso podían ser las elecciones o el cambio de horario.

Una mulata repetía en voz alta: —¡Cómo me piden que vote si ni siquiera pasa el ferry! ¡Yo no votaré!

Esperar, hacer colas, es algo que el pueblo cubano ha aprendido, pacientes pero sin perder jamás la indignación.

Muelle del Ferry para Castillo de Jagua.

Muelle del Ferry para Castillo de Jagua. (2018/03/11)


—Cuba no es socialista —sentenció Alex mientras conducía. —¡Es Fidelista! No fue sino hasta en un discurso durante la invasión a Playa Girón, cuando declaró Fidel el carácter socialista de la Revolución Cubana. Cuba se mueve hacia el socialismo. Aunque ahora, sin los Castro, la cosa puede cambiar.

—¿Tú eres fidelista? —pregunté.

—¡Claro! A pesar de sus defectos, Fidel fue un gran líder. Quiso que todos los cubanos disfrutaran por igual de la vida. Aunque persiguiendo ese objetivo se cometieron muchos errores, dejándonos en donde estamos, con sus cosas, buenas y malas.

Recordé una fotografía que me estremeció en el Museo de Playa Girón: Eduardo García, miliciano, recibió metralla de un avión y moribundo, escribió, con su propia sangre, sobre la pared, una sola palabra: Fidel. La fotografía era del pedazo del muro, con las letras en sangre, alzado sobre una multitud.

La fe de un pueblo por su líder. Me pregunté cómo esos líderes pueden cargar dicha lápida de sangre y aullidos.

—Nos falta competitividad, iniciativa para hacer negocios —dijo de pronto Alex. —Si a mi me escuchara el ministro de economía, Cuba sería otra cosa. Ya tu sabes.

Sonreí ante su fanfarronería.

—Ese discurso se oye bonito —repliqué, —pero hay que cogerlo con pinzas, ya que tras él se esconde el capitalismo más salvaje. Si tu crees que desregularizando la economía conducirás a una competencia equitativa, ya la cagaste. Durará un minuto. Al siguiente tendrás cárteles empresariales controlando el mercado, después serán monopolios privados, que poco tienen que ver con los estatales.

Dependienta del paladar de tamales cubanos.

Dependienta del paladar de tamales cubanos. (2018/03/11)


De camino al Nicho paramos en un paladar de carretera que anunciaba tamales. Por probar, y notar la diferencia con respecto a los tamales mexicanos, comí uno, junto con fritura de maíz y tomate en rebanadas.

El Nicho es un Parque Natural con una cadena de cascadas y estanques naturales sobre la Sierra del Escambray, del lado de la provincia de Cienfuegos.

El paraje estaba lleno de turistas, tanto locales como extranjeros.

El Nicho.

Parque Natural de las cascadas El Nicho. (2018/03/11)


Río El Mamey.

Río El Mamey, afluente hacia el embalse Hanabanilla, la reserva de agua dulce más grande de Cuba. (2018/03/11)


—Por estas montañas se escondían los alzados —dijo Alex mientras conducía por la Sierra del Escambray, rumbo a Trinidad. —Mataban guajiros, saboteaban, y regresaban a la sierra. Fidel ordenó infiltrarlos.

Así fue como me contó Alex la historia de Alberto Delgado, un guajiro que se incorporó al Ejército Rebelde y después se hizo pasar como contrario a la Revolución, poniendo la reforma agraria como pretexto, para colarse entre la filas de los alzados, grupos contra-revolucionarios, financiados por disidentes, exiliados en Miami. Gracias a su labor encubierta, lograron capturar a varios líderes alzados. Después de la operación, Alberto rechazó la protección estatal. El 29 de abril de 1964, encontraron su cadáver. Una banda de alzados lo mataron a golpes, dejando su cuerpo colgado de un árbol.

Carretera a Trinidad.

Carretera a Trinidad. (2018/03/11)


El resto de la tarde consistió en comprar una botella de ron y una TuKola grande, para mezclar en vasos de plástico, en una playa frente al mar Caribe, cerca de Trinidad.

La noche remató en una pizzería, caminando descalzo por las calles de Trinidad, porque mis chanclas se habían roto en la playa.

Playa Caribe.

Playa Caribe, sobre la carretera a Ancón. (2018/03/11)

2018/03/12

Lunes con resaca en Trinidad.

Salgo a comprar una tarjeta Nauta. La oficina de ETECSA no abre sino hasta las nueve. El calor y la sed aprietan. Compro un vaso de agua de grifo con azúcar. Si no me enfermé al llegar, menos ahora. Vuelvo a la oficina de ETECSA. Ahora hay una larga cola que pronto rompe en caos. Todos quieren organizar el orden de espera de maneras distintas. Intento enterarme sin éxito. Es mi corporeidad la única evidencia de que estoy esperando a entrar. De pronto, una señora, que no paraba de hablar, me dice —Entra tú. Le agradezco infinitamente.

Rumbo al Valle de los Ingenios, declarado en 1988 Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, Alex me dice:

—Yo quería ser piloto de combate.

—¿Fuiste a la academia militar de aviación?

—Me admitieron. Fue una suerte. No tenía buen rendimiento, pero me esforcé mucho. En matemáticas iba bien. Mi problema era lengua.

—Si ya estabas en la academia ¿qué pasó?

—Cayó el Campo Socialista. Un día nos dijeron: "Señores, hasta aquí llegamos. Pueden cambiarse a aeronáutica o ingeniería mecánica, pero nada de aviación."

—¿El infame periodo especial?

Alex asintió.

—Pero pudiste seguir aeronáutica —insistí. —No serías piloto, pero estarías relacionado con la aviación y quién sabe.

—Soy necio y era joven. Para mi fue todo o nada. Así que abandoné los estudios.

Calles de Trinidad.

Calles de Trinidad. (2018/03/12)


Pienso en cómo viví la crisis de 1995 en México. El miedo al desahucio, la dieta de frijoles engusanados, el insomnio de mis padres. Pues esto no tiene parangón con lo vivido por el pueblo cubano durante el «Periodo Especial».

Comenzó en 1991, con el derrumbe de la Unión Soviética, que arrastró consigo la disolución de la CAME, un tratado de intercambio comercial entre países socialistas. Además, el embargo económico de los Estados Unidos, dejó a la isla sin poder vender sus productos, ni comprar el insumo requerido. La calidad de vida se desplomó, cerraron puestos de trabajo, escaseaban los medicamentos, la producción alimentaria era insuficiente. Ocurrieron grandes éxodos, la gente emigraba como podía.

Mientras que el mundo se plegaba al neoliberalismo exacerbado, México desarrollaba su narco-economía, Cuba tuvo que cambiar también de estrategias económicas. Elaboró la figura del cuentapropista, (Gaceta Oficial Extraordinaria Especial No. 12/2010), que derivó en el desarrollo de paladares, almendrones, renta de habitaciones a turistas, etcétera.

El sector turismo es vampírico, y Cuba lo sufrió con el incremento en la demanda de prostitución. Jóvenes, con preparación universitaria las más de las veces, pero sin empleo ni oportunidades, pasaron a ser jineteras o jineteros. La evidencia actual indica que a partir del 2007, con el crecimiento económico, la población dedicada a ello ha disminuido.

Desde la Torre Manaca-Iznaga.

Vista del casco del ingenio Manaca desde la Torre Manaca-Iznaga. (2018/03/12)


Además del cuentapropista, hubo muchas otras medidas político-económicas. Por ejemplo, el peso convertible. Como ya quedó dicho, existen en circulación dos monedas. Me sorprende esta medida, ya que el mismo Marx, en el Capital, dice al respecto del uso de dos monedas corrientes (oro y plata en su caso):

Toda la experiencia histórica en este terreno se reduce, simplemente, a que allí donde, conforme a la ley, dos mercancías desempeñan la función de medir el valor, en los hechos es siempre una sola la que se impone como tal.

—Karl Marx. Nota a la 2da edición del Capital. Capítulo III, sección I.

Y en verdad, el peso convertible se está imponiendo como la mercancía dineraria, al representar mayor valor. Tanto Alex como A., me contaron en su momento, cada vez más jóvenes no hacen estudios universitarios. Carece de incentivos económicos, porque, de esa manera, sólo asegurarían salarios en moneda nacional; mientras que si se dedican a la hostelería, turismo, y sectores relacionados, tendrían acceso directo al peso convertible, y por ende, más valor por su trabajo. Esta tendencia desbalanceará al resto de los sectores productivos, en especial al desarrollo tecnológico.

Calle Cristo de Trinidad.

Calle Cristo de Trinidad. Al costado izquierdo la Plaza Mayor, al derecho la Iglesia Mayor Santísima Trinidad y el Museo Romántico. Al fondo, la torre del Convento de San Francisco de Asís. (2018/03/12)


Entré en una librería. Libros y aire acondicionado suelen ser convincentes. El calor trinitario aplasta la voluntad. Había dos dependientas, quienes en esta ocasión, se volcaron sobre mi. En un principio me tomaron por brasileño, pero cuando les dije que soy mexicano, me ofrecieron libros sobre Sor Juana Inés de la Cruz; cuando les comenté que viví en Galicia, sacaron los poemarios, en gallego, de Rosalía de Castro; al final les dije que lo que me interesaba era la poesía contemporánea cubana, sobre todo mujeres. No tuve más opción que salir de allí con un poemario.

Trinitarios.

Trinitarios. (2018/03/12)


Trinidad es una trampa para turistas. Todo allí gira en función de ellos. Alex arregló la comida en casa de una conocida suya, donde los chóferes suelen comer. Además del paladar La Guarida, allí fue el único lugar donde pude comer yuca con mojo.

Comida vegana en Trinidad.

Deliciosa comida vegana en Trinidad (arroz congrí, yuca, vianda de fritura de plátano, tomate, pepino y col rallada). (2018/03/12)

2018/03/13

Salimos de Trinidad temprano rumbo a Santa Clara. No sin antes comprar chanclas nuevas: Unas «Havaianas» en el centro comercial de la ciudad.

Volvimos a subir a la Sierra del Escambray para salir de la provincia de Sancti Spiritus y entrar a la de Villa Clara. No sin antes pasar por la comunidad de Limones Cantero. Durante la víspera, Alex me contó sobre La Campaña Nacional de Alfabetización, que logró, en 1961, proclamar Cuba territorio libre de analfabetismo. A esta campaña se unieron muchos jóvenes que, con un cuaderno de ejercicios y uniforme, marcharon a los rincones más aislados de la isla, con el propósito de enseñar a leer y escribir a todos los cubanos. Se denominaban brigadistas.

En la comunidad de Limones Cantero, sobre la Sierra del Escambray, territorio controlado por los alzados, había un joven brigadista, Manuel Ascunce, brutalmente asesinado, junto con su alumno, el campesino Pedro Lantigua, por la misma banda que, Alberto Delgado, ayudó desarticular más tarde.

El museo, en honor de Manuel Ascunce y Pedro Lantigua, era custodiado por una viejecilla, bajita y pies torcidos. Ella nos llevó luego al monumento, junto al árbol donde los colgaron. Pensé entonces, que sería toda una proeza, en México, construir un memorial de todas las víctimas de la mal llamada guerra contra el narco, ya que el narco incluye al Estado, Ejército y grupos empresariales intocables. Hay que «despertar a los muertos y recomponer lo despedazado», enuncia Walter Benjamin.

Monumento al brigadista Manuel Ascunce y a su alumno, Pedo Lantigua.

Monumento al brigadista Manuel Ascunce y su alumno, Pedro Lantigua, en la comunidad de Limones Cantero, Sancti Spíritus. (2018/03/13)


Pasamos por Manicaragua, un pueblo insertado en la Sierra del Escambray de Villa Clara. La gente allí anda despacio. La prisa no es concepto.

La superación del tiempo y el espacio es uno de las metas de la circulación del Capital. Cuando no hay Capital, la prisa no es ubicuo al devenir humano. Prisa sólo los médicos al salvar una vida.

El tráfico en muchas partes de Cuba es primitivo. Las reglas de vialidad son más laxas. Hay pocos vehículos todavía, aunque, por lo general, la carpeta asfáltica está en condiciones decentes. La mayoría del trasporte, dentro de las ciudades, es a lomos de caballo o buey. Todavía hay interacción con la naturaleza en el trabajo físico.

Finalmente llegamos a Santa Clara, una de las ciudades más progresistas de Cuba; donde el Che selló su fama mundial, con la captura del tren blindado durante la Guerra de Liberación Nacional. Y allí están su restos, en el Memorial de la Plaza Che Guevara, junto con sus compañeros de guerrilla en Bolivia.


Cuando llegué a Cuba, P. me confió que, hasta donde ella sabía, en Cuba, la homosexualidad era perseguida, la diversidad sexual no era pública. A lo largo del viaje, no me percaté de alteridad ninguna, la realidad lucía de homogeneidad cisgénero. Pero esta percepción cambió radicalmente en Santa Clara.

Santa Clara alberga a la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas, por lo que su población estudiantil es elevada. Además su vida cultural es bulliciosa y constante. De alguna forma, allí, la diversidad, la alteridad, lo no-cisgénero, se hizo patente sin tapujos.

Luego encuentro la entrevista que hace Ignacio Ramonet a Fidel Castro, donde el líder acepta su responsabilidad de la persecución a la homosexualidad en los primeros años de la Revolución, achacándolo al machismo heredado, y al poco conocimiento.

Pero la normalización de los fenómenos sociales nos son geográficamente homogéneos ni instantáneos. Hay lugares, hay personas, con ideas más críticas que otras. Sirva de ejemplo, cuando llegamos a Santa Clara, le comuniqué a Alex mi deseo de conocer el Mejunje. Me miró sorprendido y exclamó —Sabes que allí se juntan los maricones ¿verdad?. O que, a mis amigos de la preparatoria, en México, nos siga pareciendo divertido acusarnos de homosexualidad.

El Mejunje.

El Mejunje. (2018/03/13)


Esa tarde salí a caminar por el Bulevar Independencia y el Parque Vidal. En el parque, sentado en una banca, un viejo pasó y me ofreció el periódico Granma. Le dí un CUC y me regaló una enorme sonrisa. Leo la nota principal:

Aunque se trata de datos preliminares, 7 399 891 cubanos y cubanas acudieron este domingo a las urnas, cifra que representa el 82,90% del total de electores […]

En México, y en Europa, quienes van a votar no llegan ni al 40%. Por lo general, el abstencionismo es mayoría. Lo que demuestra, en números absolutos, que las democracias "desarrolladas" son un rotundo fracaso. Si lo que dice el Granma sea verdad, aún exagerando, sería evidencia de que el modelo asambleario cubano tiene más poder de convocatoria que el partidista.

Bulevar Independencia.

Bulevar Independencia en Santa Clara. (2018/03/13)


Esa noche voy al Mejunje. La juventud explota con todos sus colores. En ninguna parte del mundo he visto tanto entusiasmo por el solo hecho de juntarse, beber, fumar, corear canciones en inglés, de heavy metal, que pinchaba el DJ. Me ha parecido único, tal vez por contraste.

En la parte de atrás hay una tasca, con algo más de privacidad. Veo una pareja de viejecillos llegar, frágiles entre la agitación. Se sientan en el bar y piden una copa de vino. En silencio miran plácidamente a parejas homosexuales besarse y tocarse. Se terminan su vino y se marchan de la mano, con paso lento, entre el ruido y la furia.

Las paredes del Mejunje están pletóricas en consignas grafitteadas. Me detengo a leerlas. Una en especial me fascinó:

No soy mujer comunista
Soy maricona patriota

Me tomo un par de rones derechos. Bailoteo solo un rato y me voy al B&B, estratégicamente a un lado del Mejunje. Comienza el eterno retorno.

Interior del Mejunje.

El Mejunje por dentro. (2018/03/13)