El palacio azul de los ingenieros belgas

Dores nos recomendó (y encomendó) este libro. Vaiche gustar moito, Víctor, dijo; así que lo compré de segunda mano por Internet. Inesperadamente recibí un correo electrónico de la librería que me lo vendió advirtiéndome que el libro estaba subrayado con tinta, aunque consolaban que a pesar de eso, era perfectamente legible. Accedí, pero al recibirlo me percaté de que jamás me advirtieron del asqueroso olor a tabaco que emanaba el libro.

Imaginé a una dueña original del volumen (porque debe ser mujer, según Paula) como una vieja, entrada en años, tan fumadora como lectora compulsiva, de un par de cajetillas diarias y otro par de libros por semana, pasando el día en una mecedora, rodeada de una gran biblioteca. Fumando y leyendo, preñando las páginas de los libros que pasaban por sus manos con el humo de sus pulmones.

Al morir, ante la indolencia de los herederos, su inmensa colección fue conducida en carretillas y con descuido, a bibliotecas de viejo, para ser comprada por kilos. Y así terminó esta obra en mis manos, llevando los efectos del humo de segunda mano al paroxismo.

La premisa del libro es sencilla: la vida de un adolescente, Nalo, durante el periodo que comprende el final de la dictadura de Primo de Rivera, la abdicación de Alfonso XIII, el pornógrafo, la consecuente Segunda República, su desgaste, para concluir, como termina toda la historia de España, en las masacres infligidas por el bando nacionalista durante la Guerra Civil (los de Franco, para que quede claro).

Sin embargo, todas esas ebulliciones, al principio, son mero ruido de fondo para el pequeño pueblo de la cuenca minera asturiana donde vive Nalo y su familia. Su hermana Lucía y sus abuelos, Angustias y Cosme, son quienes más influyen y perduran durante obra. Nalo consigue empleo como ayudante de jardinero en la mansión donde viven los dueños de las minas y fábricas cercanas, los hermanos belgas: Hendrik y Jacob.

En esa casa, su maestro, en todos sentidos, es Eneka, el jardinero. ¡Me encanta ese nombre! Y el personaje es francamente entrañable. Desde esa residencia, Nalo observa e intenta comprender la vida, lo que ocurre en torno suyo.

Dejemos la trama en paz. En realidad las tramas son lo de menos porque, de manera abstracta, siempre son las mismas. Los seres humanos nos repetimos las mismas historias una y otra vez, con diminutas variantes, detalles donde se esconde la magia de cada una.

La magia en esta obra emerge con su estilo: largos párrafos que llenan páginas, ideas separadas por comas, conectores que sustituyen los puntos y seguido. Su lectura son melodiosas letanías, cercanos al monólogo interior del modernismo anglosajón, pero sin abandonar lo concreto del mundo que le rodea. Nalo nos cuenta lo que ve, escucha y piensa, con beatífica objetividad, ya que Nalo no expresa, ni aparenta guardar, resentimiento alguno, ni celos ni odio ni pena.

Pero digamos algo alto y claro: la novela no es, ni intenta ser, imparcial. Lejos está de ello. La obra está cargada de filosofía, de filosofía de lo concreto, del trabajo humano, la vida, la violencia, la opresión, "el erotismo como una dimensión más de la naturaleza", y muchos temas más que son las flores que Nalo cultiva en el jardín del palacio azul.

A mi juicio, en absoluto nada válido, Argüelles, en esta obra, simpatiza con el anarquismo, uno cercano a la herencia cultural de Marx.

Una cita a botepronto:

Comenzaba el mes de septiembre del año veintisiente. En uno de los periódicos del abuelo se anunciaba la ejecución en Boston de los anarquistas Nicola Sacco y Bartolomé Vanzetti. La abuela dijo, quien mal hiciere, bien no espere, que Dios los perdone, y el abuelo rompió el silencio para decirle a la abuela, guarda la ignorancia para tus rezos, éste es un asunto de mala conciencia capitalista, y le pregunté si conocía a aquellos hombres y me dijo que no, que no los conocía, pero que le hubiera gustado conocerlos [..] Aquél día que yo me dirigía a iniciar mi primer trabajo como ayudante de jardinero, me dijo, procura estar siempre del lado de los inocentes, aunque te cueste la vida.

Ahora una frase absolutamente marxista, como también sistémica (teoría del caos) y budista:

[…] y me dijo, nada sucede en la naturaleza viva que no esté en relación con la totalidad […]

Uno de los discursos que atraviesan la novela es la idea de la mariposa en nuestro interior, que crece con respecto descubrimos el mundo.

[…] esto tiene que ver con esa mariposa de la que a veces te hablo, esa que está encerrada aquí dentro y que algún día se manifestará, ella te podría aclarar si la señorita es o no para ti una musa, de la misma forma que te informará sobre lo que eres y sobre lo que quieres ser, sus revoloteos son certeros, permanece oculta porque necesita conjurar ciertos estados de ánimo y algunas fuerzas secretas para vencer futuras batallas entre el corazón y el cerebro, pero un día se despojará de ese disfraz y te ocupará el cuerpo entero y la mente entera, la memoria entera, y te dirá quién eres tú y entonces sabrás quienes son los demás, podrás de alguna manera mirar a los otros por dentro, y unas veces sentirás orgullo y alegría por lo que verás, pero otras sentirás asco […]

Debo confesar que me sentí identificado con la fábula de la mariposa. Mi narrativa existencial sostiene que he tenido que recorrer por muchas lecturas y encuentros para poder desenvolverme con confianza y espontaneidad (relativas) por mis entornos. Uno mismo es mariposa que debe permitirse desarrollar dentro de uno, en relación con "el otro".

Y con este discurso de la mariposa, que me recuerda el famoso fragmento de Heráclito, cierra la novela:

[…] las cosas de aquel mundo nunca ocurrían una sola vez y de principio a fin de manera absoluta, sino que cada cosa o circunstancia iba ocurriendo a trozos por ser simplemente demasiado grande y magnífica para tener cabida en un sólo suceso y cada una de esas pequeñas ocurrencias de una misma cosa deja en nosotros manchas de colores e intensidad diferentes, huellas o visiones que nos indican en cada instante por dónde seguir y nos enseñaban cómo las fracciones aleatorias de cada suceso se alineaban en el tiempo y enhebraban aquel momento parido de la circunstancia total con todos los demás momentos y aquélla era la fórmula del sentido de la vida, aquél era el hilo que unía los sucesos ordinarios y los alineaba el tiempo para forma el sortilegio extraordinario y pensé que quizás ese hilo de que colgaban antecedentes y consecuentes fuera la mariposa de la que me hablaba Eneka […]

Como dicen memes y sobres de azúcar: "se vive hacia adelante, se entiende hacia atrás".

Una última cita que reconozco casi como propia:

[…] empecé mal porque tuve infancia oscura y llena de miedos y una juventud a trompicones, tropezando contra la pobreza y la desgana y llenándome siempre la conciencia con preguntas que nunca tenían respuesta, pero sobre todo empecé tarde, muy tarde, como aquel desarraigado que viene de fuera y no conoce el idioma y anda corriendo de forma equivocada con cara de forastero perplejo, por eso te digo, Nalo, que no fui feliz, y que en estos últimos tiempos intenté salirme del camino de la tristeza y de la muerte para buscar el camino de la creación, porque en la creación siempre están el inicio, la imaginación, el poder, y la satisfacción, propiedades todas ellas, aunque no las únicas, de la revolución, y tú sabes que por este camino me va mejor que antes, aunque sé que más temprano que tarde me acabaré colocando otra vez frente a la irremediable soledad original […]

Gracias Fulgencio por la novela. Gracias Dores por la recomendación. Gracias vieja fumadora por heredarme su libro (ya se oreó un poco).

  1. Manual para mujeres de la limpieza. Lucia Berlin. (12/17/2017 - 01/01/2018)
  2. Arraianos. Xosé Luís Méndez Ferrín. (01/01/2018 - 01/28/2018)
  3. El palacio azul de los ingenieros belgas. Fulgencio Argüelles. (01/28/2018 - 02/09/2018)