¡me voy a volver loco! ... a riesgo de no estarlo ya

Ayer una repentina llamada telefónica ha roto mi pequeño orden. Llegué a Monterrey con la intención de establecerme, irme lejos de mi hogar, en una empresa desconocida para mi, en algo que nunca había hecho. Tenía consciencia de una ínsipida existencia: juntar dinero para pagar la deuda y buscar otra cosa. Llegó esa llamada, justo dos días antes de mi cumpleaños.

En este momento me estoy enterando que todo el ajetreo terminó. Decidí libremente la decisión menos libre posible.

Yo siempre dije que no seguiría el camino de los mediocres, de los timoratos, pero en realidad siempre me he aferrado a él con una hipocresía sorprendente. Tengo ánimos de largarme, de caerme buscando el cielo.

Toda decisión significa una renuncia. Toda decisión se toma con información incompleta e inexacta. Lo único con que contamos para tomar decisiones es nuestra libertad e inteligencia. El inhibidor por excelencia de la libertad es el miedo. El inhibidor de la inteligencia es la ignorancia.

Cada uno es arquitecto de su destino. ¿Qué tiene la mediocridad que nos seduce tanto?

La banda sonora de mi vida adulta:

A heart that's full up like a landfill,
a job that slowly kills you,
bruises that won't heal.
You look so tired-unhappy,
bring down the government,
they don't, they don't speak for us.
I'll take a quiet life,
a handshake of carbon monoxide,

with no alarms and no surprises,
no alarms and no surprises,
no alarms and no surprises,
Silent silence.

This is my final fit,
my final bellyache,

with no alarms and no surprises,
no alarms and no surprises,
no alarms and no surprises please.

Such a pretty house
and such a pretty garden.

No alarms and no surprises,
no alarms and no surprises,
no alarms and no surprises please.