20 July, 5:37pm

El sábado pasado L., S. y yo fuimos a Sada, una pequeño pueblo costero cerca de Coruña. Después de compartir un porro y despachar algunas cervezas, los temas de conversación comenzaron a dibujar sus meandros, pero uno en particular atrapó a mis postreras meditaciones. Con la justificación del fin del mundo en el 2012, se planteó la pregunta ¿qué harías si supieras que, dentro de uno o dos años, la humanidad desaparecerá? es decir, el fin del mundo.

"Me iría a viajar con mi marido por el mundo", sentenció S.

"Me follaría a todos los tíos", afirmó con seguridad L.

"Lo mismo de siempre: leer y ver películas", contesté tímidamente, aunque convencido de que eso sería lo que haría.

Le pregunté a L. si realmente ella creía que la sexualidad albergara, en sí misma, a toda la experiencia humana. Tajantemente contestó que sí, sin duda alguna. "Entonces la prostitutas serían las personas más satisfechas", repliqué. "No", replicó, "porque están siendo forzadas a ello". Asentí.

"Me parece fatal", reprochó S. a mi elección de actividad previa al Armagedon. Como siempre, tuve ganas de justificar mi respuesta, pero, de nuevo, como siempre, preferí no replicar, dejándome estas meditaciones.

¿Qué buscaríamos sabiendo de antemano la fecha final? Lo lógico sería la experiencia humana más completa posible, lo que nos deje el regusto de haber aprovechado cada minuto, de haberle sacado el tuétano a la vida. ¿Cuáles serían esas experiencias?

Descartes y la religión católica dejaron la escuela del dualismo tan asentada en la mentalidad occidental, que, aunque se le considera poco útil para la concepción moderna del ser humano dentro del universo como lo conocemos, sigue empeñándose en moldear nuestros pensamientos, como en esta situación.

A priori planteamos dos tipos de actividades, totalmente divergentes, que nos prometieran el clímax de la experiencia humana: la física y la mental. Sin embargo, sería fácil reconocer que, ambas son experiencias incompletas, parciales, cuando se realizan de manera aislada y excluyente.

Mi punto es, nuestra concepción de la experiencia humana completa, sea ejecutando la actividad que sea, debería liberarse de la noción del dualismo, fusionando el fenómeno sensible con el mental, en uno solo.

Seamos hedonista y llamemos a la experiencia humana simplemente como placer. Sentir el placer de estar vivos implica sumergirse en la experiencia humana, o más particularmente, en la experiencia estética, con el arrobamiento ante lo hermoso. Por supuesto, la belleza se experimenta, pero también, y de manera simultánea, se reconoce y se descubre. A este proceso de reconocimiento y descubrimiento, lo llamaremos educación, preparación, formación, que es un esfuerzo consciente por aprehender nuevos conceptos que nos permitan extender nuestros encuentros con la belleza.

Pienso, por ejemplo, en la sexualidad: sí, follar es rico, pero lo encuentro más satisfactorio al reconocer el cuerpo de la otra persona teniendo en cuenta conocimientos de anatomía, de psicología, de masajes y muchas otras disciplinas. Y al final, olvidarlo todo y sólo dejarse llevar (¿recuerdan las famosas cuatro etapas?).

Después de leer esta parrafada me siento el Capitán Perogrullo, siempre al servicio de la obviedad. No obstante, estos pensamientos son los que han entretenido mis caminatas y no quiero que se amontonen en el abyecto olvido, mejor en los bytes de este penoso blog.

Ahora reconozco que L. fue mucho más rápida, al pensar en todo lo anterior de manera automática, cuando conjuró en ese momento la discusión remantando: "bueno, follar se lleva bien con leer y ver películas ¿verdad?".