Miscelánea noticiosa

Primero y antes que nada

¡Felicidades a Blanca por haber pasado su 2do examen de propuesta de tesis doctoral!

¡Felicidades a Jaqueline por haber sido hoy su 1er día laboral en la vida!

Ellas son personas importantes en mi vida a quienes debo todo respeto y admiración.

Ahora, en segundo término, pues para celebrar que ya terminé El Mundo de Sofía.

Este libro entra en mi categoría de "MANDATORIO". Personalmente apoyo la idea de que toda persona debería leerlo como parte de una eduación media.

Tengo una anécdota que contarles: Iba yo muy entretenido leyéndolo, cuando veo que después de la página 466 ¡seguía la 435! Estaba justamente emocionándome con las ideas de Kierkegaard, cuando me interrumpe con viejas palabras sobre los Románticos y Hegel y así hasta la página 466, para volver a la página 499. ¡33 páginas perdidas! Parte de Kierkegaard, todo Marx y parte de Darwin. Esto, debo aceptarlo, me molestó bastante. Llegué a pensar en botar a la basura el libro. Ya no podía irlo a reclamar a Sanborns porque había botado el comprobante de compra. No obstante, revisando un CD que me había pasado Norberto lleno de libros electrónicos, muchos de ellos pirateados, otros no, debido a que ya son de dominio público, pero precisamente venía este libro en formato MS-Word (ya qué...). Extrajé las hojas faltantes, las formateé y las imprimí. Esta vez creo que fue un uso justo de la piratería: Desobediencia civil para reclamar la mierda que nos tiran las casas editoriales mediocres.

Tercer punto: Hoy no fuí a trabajar :S Otro acto desobediencia civil. Tenía un buen pretexto: recoger un pago de un trabajo hecho (que por cierto debo documentar).

Cuarto: Iba yo caminando por la tarde en la calle Góngora, pensando en la refutación de Popper y Khun sobre la validez de la Lógica Inductiva en el quéhacer científico, cuando fuí abruptamente interrumpido por un tipo con un micrófono acompañado por un chango con una cámara, cuyo logotipo reconocí como el de TV Azteca.

Me pidieron que compartiera un comentario sobre Manuel Bribiesca, el hijo de Martha Sahagún. Tal vez lo mejor hubiera sido quedarme callado y seguir caminando. En lugar de eso, el rock star frustado, que tengo guardado en el armario de mis múltiples personalidades, salió a flote y articuló una serie tonterías y barbaridades que espero no sean transmitidas, en nuestra ya frívola y desmerecida televisión.