10 April, 5:51pm

Las primeras 24 horas

En la primavera que me mudé a Europa, el clima se encargó de recibirme con frío y lluvia... Tal vez así comience en mis memorias este capítulo de mi vida. El enunciado en sí es lo suficientemente pretencioso y banal para que sea un éxito en librerías. Chale... así o más naco...

En la víspera de tomar el camión para el aeropuerto de la ciudad de México, la pregunta "¿qué se empaca cuando uno se muda a otro país?" me agobió por días. Pero aún así no empaqué nada hasta el último minuto. Bueno, un par de horas antes de salir. Me limité a empacar ropa. No llevé ni Tequila, ni chiles enlatados, ni masa para tortillas, ni cajas de cigarrillos, nada de lo que tanto me habían recomendado. En mi fuero interno me proponía que esta migración fuera un reto de hibernar mi mexicaneidad y abrazar los usos y costumbres de la región que me arroparía, tratando de filtrar prejuicios e ideas preconcebidas. Entonces empaqué únicamente la ropa que necesitaría para sobrevivir un par de meses en el país.

Le pregunté a mi madre si querían acompañarme al aeropuerto, y me dijo que no lo tenía contemplado, pero que sí le gustaría. Convenció a mi padre para lo mismo y compramos los billetes de camión. Ya en camino, pasaron una película española, que era una adaptación de una novela de Benito Pérez Galdós, llamada El Abuelo. Buena película. Sin embargo el ánimo fastidiador se le subió mi papá y empezó a vociferar que "de ahora en adelante serás un leal súbdito del Rey Juan Carlos I de Borbón... ¡y te le incas, joder!". Preferí callar a imprecar con un regio "¿por qué no te callas?".

Después de cuatro horas llegamos al aeropuerto. Busqué la taquilla de British Airways y documenté el equipaje. Todo en regla y en orden. Regresamos a área de comidas y esperamos. Y realmente quería despedirme de la gente del D.F., en especial de Joshua, Cynthia y Jackie. Jackie lamentablemente me avisó que no podría llegar antes de mi entrada al area de abordaje, y pronto temí que Joshua y Cynthia tampoco pudieran. ¡Pero llegaron! Primero fue Josh y luego Cyn, con quienes platiqué con mucha alegría. Me dio mucho gusto verlos, ya que me había resignado a no verlos antes de irme, pero siempre sí se pudo ya que el vuelo era más tarde de lo que había previsto.

Llegada la hora, me despedí de mis papás, de Cyn y de Josh y me fui al área de revisión, luego el duty free y finalmente la sala de abordaje. En el duty free compré un adaptador de clavijas. Y esperé. Pasaron 45 minutos después de la hora estipulada para que nos dejaron abordar. Había mucha gente, la cola fue enorme, pero nunca imagine que dentro de la avión la perspectiva fuera peor. Abordé por la parte delantera del avión y pasé por la sección de primera clase... ¡no! ¡qué envidia! asientos individuales, totalmente reclinables, con videojuegos, y demás. Vi muy precario mi asientito de clase turista, apretujado y estático.

Fue en ese momento cuando tuve mi primer flashback de una serie de horrorosas comparaciones. La primera vez que volé el Atlántico, igual, en un avión de British, a mi lado se sentó una chica guapa como de mi edad con quien conversé un rato y al siguiente dormía sobre mi hombro. Esta ocasión la cosa mas bien parecía romería o camión guajolotero: Una señora, grande en todos los aspectos, chilena, a quien pregunté, para vergüenza mía, si era argentina (¡pero es que su acento me parecía tan cercano al mendozino que les escuché a Maxi y a Diego en Chiapas!). Por otro lado, a dos filas adelante, dos o tres señoras, de rostros muy finos y atractivos, pero con tremendas Hiyabs sobre la oculta cabellera, delataban su origen de algún país musulmán, presumiblemente Irán, e iban con una recua de niñatos llorones que no hicieron más que importunar constantemente mi sueño con sus gritos y quejidos.

Esto da origen a otra comparación: La primera vez que volé no pude pegar pestaña, estuve atento a todo el viaje, viendo desde la ventanilla, que supe defender de la chica guapa que me pedía le cediera mi lugar, la vista de Estados Unidos primero y luego de todo el Atlántico, para luego mirar, embelesados, los prados verdes de la islas británicas. Esta vez dormí como un lirón, a pesar que otra vez tuve que defender el asiento de ventanilla que había reservado por Internet, a una viejita que se había confundido del letra. Bueno, también debo aclarar que esta vez no me impidió la vergüenza pedir un desarmador (con una botellita completa de vodka encima) y en la cena un cuarto de vino tinto, lo que supongo me ayudó a que Morfeo fuera clemente conmigo.

Diez horas después estaba en el aeropuerto de Heatrow, Londres. Salió del aeropuerto mexicano una hora y media tarde, y llegamos una hora y media después de los señalado. Para mi buena suerte, mi conexión era una hora exactamente después de mi llegada planificada. Por supuesto que lo perdí. Pero varios mexas estábamos en la misma situación, muchos íbamos para Madrid. Tan pronto bajamos del avión, corrimos a hacer conexión para la terminal 2. Tomamos el camión que nos llevaba para dicha terminal, sin hacer en ningún momento parada en migración, cosa que me extrañó ya hasta mucho después. Bien pude haberme fugado en el transbordo de estaciones, y haberme vuelto un alegre ilegal en Londres. Pero todo queda en el "quien sabe".

Ya en la terminal 2, caminé a mi ritmo, separándome del grupo principal, pasé por revisión y llegué a un mostrador de Ibería, que sería la aerolínea que nos llevaría a Madrid. Le expliqué rápidamente la situación de nuestro vuelo retardado e inmediatamente me asignó un vuelo para una hora después. Entré a la zona de duty free y corrí a un baño donde finalmente pude relajar los intestinos. Necesitaba un café y en una cafetería ordené un cortado. Sólo tenía billetes de 20 euros y me devolvió el cambio en libras que aun tengo y que de nada me sirven acá. Qué fastidiosos son los ingleses y su moneda. Media hora antes entré al área de abordar, donde uno a uno fueron llegando compatriotas que había dejado atrás.

Mientras esperábamos, se sentaron a junto a mi un chavo de pinta artística (pelo largo rizado, sombrero tipo de los 50s, jeans a la cadera y lentes de armazón de pasta), quien comentó que estudiaba literatura en Madrid, luego una señora que iba a visitar a su hijo que estudiaba un doctorado en veterinaria en Extremadura, y una chica gorda, fodonga que me preguntó:

-- ¿De dónde eres?

-- De Celaya, Guanajuato.

-- ¡Ah! Yo vivo en Salamanca ... -- Y continuó con mirada altiva hacia la nada -- España. Hago un doctorado en derecho.

Aquella gente me enfermó. Snobs en su más pura expresión. En especial la gorda, que ni siquiera sabía la diferencia horaria entre México y Reino Unido con el resto de Europa. Pretenciosos petulantes que creían que la clase se adquiere con sólo montar un avión. Muchos de mis amigos que jamás a subido un avión, tienen más categoría y clase que la que ese grupito jamás tendrán.

El avión de Londres a Madrid salió también más tarde de lo ya tarde que íbamos, por lo que mi conexión de Madrid a La Coruña se iba por la borda. Otra vez, dormí como un lirón todo el vuelo.

Una vez en tierra, ahora sí pasé por aduana al descender, pero la cosa se limitó a un simple sello, sin preguntas ni demoras. ¿No que la revisión de los extranjeros es más prolija? Pues no. Otra vez corrí al mostrador de Ibera más próximo y pedí mi vuelo a la Coruña. Me lo asignaron de inmediato y en la puerta de abordaje enfrente del mostrador. Así que sólo corrí al baño a descansar la vejiga y de vuelta a la fila de abordaje.

Finalmente llegué a mi destino: La Coruña. Descendí del avión y me encaminé al área de recuperación de equipaje. Lo que me temía, con tantos transbordos imprecisos, mis maletas se perdieron. Fui a hablar con la señorita encargada de equipajes de Iberia y levanté el reporte. Por suerte, Juanjo, de Igalia, ya estaba ahí para recogerme y me asistió en el proceso del reclamo.

Juanjo me dejó en el hotel. La ciudad sumida en la lluvia. "Hace unos días parecía verano: ¡25 grados y soleado! ¡La gente ya estaba en la playa! Ahora sí que has tenido mala suerte, porque ahora que llegas, la primavera regresó: lluvia y temperaturas abajo de los 18 grados." Me decía Juanjo.Y el día siguiente ha sido igual: no ha escampado.

El hotel es modesto, pero con Internet gratuito. La cama no es muy cómoda, pero cumple con su función. Hay un televisor donde he visto Doctor House en castellano y la ducha es diminuta, de acuerdo a los estándares europeos.

Esa misma noche caminé a un OpenCore con el fin de hacerme de unos cigarrillos y algo que comer. Sólo compré lo segundo porque ahi no venden lo primero, y todos los estancos, bares y cafés ya se hallaban cerrados.

Como me habían dado la mañana libre, cuando recobré conciencia de mi mismo, como a las 10:30 am, me duché y me dispuse a caminar la parte vieja de la ciudad a pesar del clima.

La ciudad es una pequeña península, un brazo de tierra sobre el mar, así que está rodeado por esta: de un lado el puerto, con la dársena y sus muelles; y por el otro una playa de vista decente. En el extremo norte hay un faro, el más viejo aun en funcionamiento: la torre de Hércules. Esto me hizo reconocer que realmente estoy cerca de Finisterra: el fin de la tierra, y realmente lo sería si no fuera por la Pérfida Albeon. Por la parte de sur es donde ya se extiende la parte continental y las nuevas edificaciones están hacia allá.

Pero honestamente no se me hizo muy distinto a la España que ya conocía, como Cataluña y Valencia: edificios de apartamentos de 5 o 9 pisos, un bar o un café por cada esquina, plazas y jardines moteando la ciudad. Pero esta vez, a diferencia de la ocasión de referencia, con viento, frío y lluvia.

Para los que esté preocupados por mis maletas, déjenme tranquilizarlos: ya me las entregaron. Llegaron al hotel al parecer sanas y salvas, y finalmente pude cambiarme de ropa interior, la cual tuve que removerme a quirúrgicamente ya que con tanta empapada se había adherido a mi piel.

Por la tarde, Eva, una chica que trabaja parcialmente en recursos humanos para Igalia, se ofreció a llevarme de tour por la ciudad, en medio de la lluvia. Luego me llevó a un café donde charlamos un poco más y de vuelta al hotel. Muy amable también me está ayudando a conseguir piso, el cual espero ya tener en los próximos días.

Ya me cansé.

Un abrazo a todos y buenas noches...

VMJL