la locura de una pasión literaria

  1. Corazón de las tinieblas. Joseph Conrad. (12-22-2007 / 01-12-2008)
  2. El sol de Breda. Arturo Pérez-Reverte (01-13-2008 / 01-31-2008)
  3. El criptonomicón 2, el código Pontifex. Neal Stephenson (02-01-2008 / 02-12-2008)
  4. El criptonomicón 3, el código Aretusa. Neal Stephenson (02-12-2008 / 02-28-2008)
  5. El oro del rey. Arturo Pérez-Revert (02-29-2008 / 03-08-2008)
  6. El pulso del mundo. Artículos periodísticos: 1978 - 2002. Cristina Peri Rossi. (03-10-2008 / 04-04-2008)
  7. Las vírgenes suicidas. Jeffrey Eugenides (03-10-2008 / 04-26-2008)
  8. El caballero del jubón amarillo. Arturo Pérez-Revert (04-26-2008 / 05-14-2008)
  9. El libro de arena. Jorge Luis Borges (05-15-2008 / 05-25-2008)
  10. Estambul. Orhan Pamuk (05-25-2008 / 07-14-2008)
  11. La fiesta del chivo. Mario Vargas Llosa (07-14-2008 / 08-10-2008)
  12. Los detectives salvajes. Roberto Bolaño (08-11-2008 / 09-21-2008)

Adoré esta novela desde las primeras páginas: literatura en su más destructiva esencia. Un joven aspirante a poeta despierta a un movimiento llamado los real visceralistas, entregándose a él y a al quehacer literario con una pasión que despierta inspiración, miedo y pena. Inspiración porque cualquiera desearía vivir con esa pasión, miedo porque conozco a pocos (o nadie, mejor dicho) que se atreverían a hacerlo y pena porque se adivina el futuro que podría tener cualquiera que lo haga: una dolorosa muerte prematura.

La segunda parte de la novela es una obra de arte. Distintos personajes, algunos persistentes, otros fugaces, describen sus encuentros y desencuentros con Arturo Belano y Eduardo Lima a lo largo de tres décadas (desde los 60s hasta los 90s). Lo maravilloso es que cada personaje narra en primera persona sus anécdotas, y cada personaje tiene su propia voz, su propio estilo, sus propias vicisitudes, cada uno tiene una historia que contar alrededor de ese testimonio casi bíblico: un texto, un contexto y un pretexto.

Cada declaración era una delicia que a la vez me me repugnaba, ya que, a final de cuentas, no era más que una voz dentro de un canto coral, una oda a la personalidad de Arturo Belano, quien no es más un desvergonzado alter ego de Roberto Bolaño, el autor de esta obra. Una egolatría, un culto a la personalidad, al genio y a la figura de un ser humano que escribió un portento de novela para declarar a los cuatro vientos que había vivido como pocos seres en las historia de la humanidad, aunque había pasado desapercibido.

El mundo occidental es su escenario, la cultura occidental es su entorno, una vocación de mártir en el sinsentido de la literatura, donde los comparsas construyen el argumento fragmentando de la vidas vidas de dos personajes en busca de algo finalmente desconocido, tanto para ellos, para los comparsas y para el lector.

El pretexto inicial es buscar a Cesárea Tinajero, una poetiza de los años 20s que se escindió de los estridentistas para luego desaparecer de la escena literaria de la hipócrita e incipiente comunidad intelectual del México post-revolcionario. Cesárea Tinajero fue quien insipiró a estos dos chicos para crear su movimiento, muy parecido al de la generación beat en los Estados Unidos. Un sólo poema de ella los llevó a esta locura.

Follar, fumar, conversar, leer y escribir. No hay mucho más.

¿Bolaño revolucionó la novela moderna? A veces me atrevo a pensar que sí.