Los condenados de la tierra

The Wretched of the Earth

Enterarme de que Frantz Fanon escribió este libro a los 36 años, a punto de morir de leucemia, le dio una dimensión tragicómica a mi propia existencia.

Fanon fue un poeta con un discurso político avasallador. Fanon fue un psiquiatra que entendió las profundidades del alma colonizada, del negro, indígena, asiático, árabe o mestizo sometido al europeo. Fue un marxista idealista (es contradicción, cierto) que mostró al auto-denominado primer mundo, lo que éste no quería ver: a otro hombre, igual a ellos, destrozado por su ambición. Y este otro, afirma Fanon, necesita de la violencia para sanar y reconstruirse.

Fanon, un francés-antillano, convertido en francés-argelino, para finalmente declararse solamente africano.

Fanon, en este libro nos sintetiza toda su obra, todo su pensamiento, porque sabe que va a morir pronto. Por lo que me parece, sus 318 páginas, una obra enorme, tan inacabable como aleccionadora. Quisiera hacer un esquematización de ella, pero no lo haré. Llámenlo pereza si gustan. Me limitaré a transcribir algo que a mi me ha tocado, debido a que invierte una percepción muy honda en el mexicano-clase-mediero del que no puedo excluirme: el papel del empresario en un país tercermundista.

Una burguesía tal como se ha desarrollado en Europa ha podido, fortaleciendo su propio poder, elaborar una ideología. Esta burguesía dinámica, instruida, laica ha realizado plenamente su empresa de acumulación de capital y ha dado a la nación un mínimo de prosperidad. En los países subdesarrollados, hemos visto una especie de pequeña casta con dientes afilado, ávida y voraz, dominada por el espíritu usurario y que se contenta con los dividendos que le asegura la antigua potencia colonial. Esta burguesía caricaturesca es incapaz de grandes ideas, de inventiva. Se acuerda de lo que ha leído en los manuales occidentales e imperceptiblemente se transforma no ya en réplica de Europa sino en su caricatura.

La lucha contra la burguesía de los países subdesarrollados está lejos de ser una posición teórica. [..] Hay que oponerse resueltamente a ella porque literalmente no sirve de para nada. Esa burguesía, mediocre en sus ganancias, en sus realizaciones, en su pensamiento, trata de disfrazar esa mediocridad mediante construcciones prestigiosas en el plano individual [..]

Esta burguesía que se desvía cada vez más del pueblo en general no llega siquiera a arrancar concesiones espectaculares a Occidente: inversiones interesante para la economía del país, creación de algunas industrias. Por el contrario, las fábricas de montaje se multiplican, consagrando así el patrón neocolonialista en que se debate la economía nacional. No hay que decir, pues, que la burguesía nacional retrasa la evolución del país, que le hace perder el tiempo o que amenaza conducir a la nación por callejones sin salida. En realidad, la fase burguesa en la historia de los países subdesarrollados es una etapa inútil. Cuando esa casta sea aniquilada, devorada por sus propias contradicciones, se advertirá que no ha sucedido nada desde la independencia, que hay que recomenzar todo, que hay que partir de cero. [..]

—Frantz Fanon. Los condenados de la tierra (1961)

Trasladémoslo a México. La etapa de desarrollo de la burguesía en México ya lleva mucho tiempo y podríamos pensar que está superada: tenemos a un Carlos Slim, uno de los hombres más ricos del mundo. El problema es que Slim compró un monopolio con el cual apalanca su posición en todos los mercados a los que se ha metido. Pero Slim no ha creado nada, no ha innovado nada, no ha construido nada. Por otro lado, la mayoría de las grandes fábricas en México son puramente ensambladoras, que reciben los diseños y la maquinaria del extranjero (países ex-colonialistas, no por casualidad). Los pocos grandes emporios mexicanos se han vendido a inmensos corporativos transnacionales.

Y la mentalidad de colonizados no se va: los mexicanos somos huevones, somos violentos, somos borrachos, somos machistas. Necesitamos de un hombre fuerte, un dictador, que nos mantenga disciplinados.

El Instituto Tecnológico de Monterrey (ITESM) llegó, precisamente en los años sesentas, para formar esa nueva burguesía, que sustituiría a la pequeña-burguesía, depredadora y oportunista, que secuestró a la Revolución Mexicana. El objetivo del ITESM parece que era generar las condiciones para una burguesía imitadora de la norteamericana. No se convirtieron en una burguesía con ideología propia, laica e innovadora. En lugar de eso, abrazaron el neoliberalismo de la Universidad de Chicago, como la receta universal para solución de todos los problemas.

Los empresarios mexicanos, como el Ejéricto, como cualquier otra grupo social o institución, es susceptible a la crítica, y tienen su responsabilidad en los grandes fracasos de la Nación. No son, como muchos pretenden enarbolar, los salvadores, los mártires o las apoteóticas víctimas.

  1. Poesía en movimiento. Octavio Paz, et all. (10/14/2014 - 01/14/2015)
  2. Los condenados de la tierra. Frantz Fanon. (12/16/2014 - 01/15/2015)