Cobardía

Pasó con su madre. ¡Qué rara belleza!
¡Qué rubios cabellos de trigo garzul!
¡Qué ritmo en el paso! ¡Qué innata realeza
de porte! ¡Qué formas bajo el fino tul...!

Quedé como en éxtasis...
Con febril premura,
"¡Síguela!", gritaron mi cuerpo y mi alma al par.
... Pero tuve miedo de amar con locura,
de abrir mis heridas que suele sangrar,
¡y no obstante toda mi sed de ternura,
cerrando los ojos, la dejé pasar!

Hay poesías que palabra a palabra se te van metiéndo en el cuerpo hasta que forman parte de tí. Otras, sin embargo, llegan de golpe y de golpe se amoldan a tu alma como una pareja de baile de salón. Ésta fue una de ellas. Y de cuando en cuando llega a mi, ya sea en forma de reproche, o en forma de consuelo.