Memorias de Adriano

Fue en el año 2005, leyendo «Arráncame la vida», de Ángeles Mastretta, cuando me propuse leer a más autoras. Mas dicha paridad literaria no ocurrió efectivamente sino hasta el año pasado, 15 años después. ¿Por qué? Haciendo abstracción, sospecho que un propósito individual es mucho más difícil de consumar sin una condición social emergente. Dicho de manera concreta, necesitaba del movimiento feminista contemporáneo para acceder, con mayor facilidad, a la literatura escrita por mujeres, no porque ésta no existiera previamente, sino porque no me era visible.

Aunque cada escritor ofrece su visión única, también sus identidades, cultura, género, etcétera, aglomeran pensamiento común, siendo aquél dominante, en una sociedad, el más accesible a su miembros. Mas, apelando la dialéctica del Señor y el Siervo, de Hegel: todo lo que ahora es centralidad surgió en la periferia. Así, el feminismo, con su lucha, lleva a la ostensible centralidad, entre otras cosas, la reivindicación de la literatura escrita por gente ajena a dicha centralidad, conformada por escritores varones, que son el grueso del Canon. Reivindicación no sólo hecha por los lectores, sino también por librerías, editoriales, críticos, todo el espíritu literario.

Una digresión: El capitalismo, como forma de pensamiento dominante, ha sido muy eficiente apropiándose de sus intentos de subversión a nivel cultural, al grado de alimentarse de éste: Rock n' Roll, Rap, iconografía revolucionaria, hasta los movimientos sociales, como el feminista. El sistema fagocita la rebeldía, mercantilizándola, con el doble propósito de hacerla rentable, a la vez desactivar su potencia revolucionaria.

Por lo anterior, al menos para mi, ahora es más frecuente toparse con literatura escrita por mujeres (término comprendido en su más amplio espectro, a decir "lo otro"). De allí que la paridad sea natural en mi lecturas.

¿Es muy diferente la literatura escrita por mujeres? En un sentido absúrdamente abstracto, no, obviamente: la experiencia humana es, y ha sido, más o menos común. Homo sum, humani nihil a me alienum puto, dijo el cómico latino Terencio. No obstante, es en lo concreto, en la mirada del autor que elige reposar sobre ciertos objetos y no en otros, donde la diferencia multiplica significados y significa a la belleza; desvela aquello de lo que nos hemos perdido, permitiendo renovar nuestro estar en mundo.

Lo anterior nos lleva al asunto en sí del presente texto: la lectura de «Memorias de Adriano», de Marguerite Yourcenar.

Marguerite Yourcenar

Marguerite Yourcenar (fuente)

Es una gran novela. Histórica, tal vez; filosófica, tal vez; con un tono poético que sólo Julio Cortázar podía traducir para tal disfrute de los hispanoparlantes. La novela es narrada en primera persona por el emperador romano Publius Aelius Hadrianus, tercero de la dinastía Antonina, que, a su vez, fue la tercera dinastía de emperadores (la Julio-Claudia y la Flavia le precedieron), entre los años 117 y 138 d.C. El estilo, o su pretexto, es epistolar, como si Adriano dirigiera cartas a su nieto adoptivo y futuro emperador, Marco Aurelio.

Debo admitir que me costó entrar en la novela. La prosa me parecía inaccesible. Ese es, sin embargo muchas veces, el peaje necesario para disfrutar de una obra: que el lector respire al ritmo de ella. Además, quien busque emoción en esta obra no podrá encontrar salvo aquellas que el intelecto provee. El Adriano de Yourcenar es puramente intelectual, carente de un ápice emocional; no proyectará ningún sentimiento que no pase por el tamiz de la razón.

La novela consta de seis partes:

Animula Vagula Blandula

«Mínima alma, flotante y tierna» es el primer verso de un poema que aparece en Historia Augusta, atribuido a un moribundo Adriano. Es una especie de introducción a la obra.

Varius Multiplex Multiformis

«Varias formas de lo múltiple» es un texto que aparece en la Epitome de Caesaribus, en la parte donde relatan la vida de Adriano.

En este capítulo Adriano cuenta su infancia, su formación y su ingreso a la vida del ejército romano.

Aquellos tiernos ídolos diferían por completo de los grandes hembras bárbaras o de nuestras campesinas pesadas y graves; nacían de las volutas doradas de las grandes ciudades, de las cubas del tintorero o del vapor de los baños, tal como Venus de las olas griegas. Era casi imposible separarlas de la afiebrada dulzura de ciertas noches de Antioquía, de la excitación matinal de Roma, de los nombres famosos que ostentaban, del lujo en medio del cual su último secreto era el de mostrarse desnudas, pero jamás sin adornos. Yo hubiera querido más: la criatura humana despojada, a solas consigo misma, como alguna vez debería estarlo durante una enfermedad, a la muerte de un primogénito, al ver una arruga en el espejo. Un hombre que lee, que piensa o que calcula, pertenece a la especie y no al sexo; en sus mejores momentos llega a escapar a lo humano.
Era casta por repugnancia hacia la facilidad, generosa por decisión antes que por naturaleza, prudentemente desconfiada pro pronta a aceptarlo todo de un amigo, aun sus inevitables errores.
Tener razón demasiado pronto es lo mismo que equivocarse.

Tellus Stabilita

«Estabilidad de la tierra» es un lema grabado en monedas acuñadas durante el gobierno de Adriano.

Adriano narra los últimos días de Trajano, ya viejo, aún deseoso de expandir el imperio, peleando contra los Partos. Al morir sin descendencia ni sucesor explícito, Plotina, viuda del difunto, le favorece para que ascienda al trono de Roma.

Poco importaba que el acuerdo obtenido fuese exterior, impuesto y probablemente temporario; sabía que tanto el bien como el mal son cosas rutinarias, que lo temporario se prolonga, que lo exterior se infiltra en el exterior y a la larga la máscara se convierte en rostro. Puesto que el odio, la tontería y el delirio producen efectos duraderos, no veía por qué la lucidez, la justicia y la benevolencia no alcanzarían los suyos.
El oro virgen del respeto sería demasiado blando sin una cierta aleación de temor.
Tengo que confesar que creo poco en las leyes. Si son demasiado duras, se las transgrede con razón. Si son demasiado complicadas, el ingenio humano encuentra fácilmente el modo de deslizarse entre las mallas de esa red tan frágil.
[…] pero los crímenes escandalosos y fácilmente punibles son poca cosa al lado de millares de monstruosidades triviales, perpetradas cotidianamente por gentes de bien y de corazón duro, a quien nadie pensaría en pedir cuentas.
[…] y o no había tardado en darme cuenta de que nada era tan peligrosamente fácil como renunciar.

Saeculum Aureum

«Siglo de Oro». Se utiliza para designar al siglo comprendido durante la dinastía Antonina, que significó en gran esplendor del Imperio Romano. Aunque también señala a los caminos que llevan a Roma.

Aquí Adriano cuenta su conversión a un emperador errante, viajando de un confín a otro del imperio, desde Iberia hasta Siria, desde Britania hasta Egipto, con el propósito de asentar un imperio pacificado, productivo, de fronteras definidas y sin afanes expansionistas.

También es la historia de amor entre Adriano y el joven Antinoo, desde que se conocen en la natal Turquía (ahora llamada así) y acompaña al emperador por todos sus viajes, hasta su inesperada muerte, en circunstancias poco claras (¿suicidio? ¿asesinato? ¿accidente?).

Es impresionante como una novela publicada en los años cincuentas (aunque escrita a lo largo de toda la vida de Yourcenar) pudiera abordar el tema de la homosexualidad de forma natural, tal y como muy posiblemente era visto en aquella época. Las esposas eran para asentar el linaje, parte indispensable de la gens, la tribu; mas los efebos eran para el divertimento y el placer.

Amo tenderme junto a los muertos para medirme a mí mismo […]
Mis frecuentes estadías en Asia Menor me habían puesto en contacto con un pequeño grupo de hombres dedicados seriamente a las artes mágicas. Cada siglo tiene sus audacias; los espíritus más excelsos del nuestro, cansados de una filosofía que se va reduciendo a las declamaciones escolares, terminan por rondar esas fronteras prohibidas al hombre.
La muerte es horrorosa, pero también lo es la vida.
Me indignaba el apasionamiento que pone el hombre en desdeñar los hechos en beneficio de las hipótesis y en no reconocer sus sueños como sueños. […] Aquella muerte sería vana si yo no tenía el coraje de mirarla cara a cara, de abrazar esas realidades del frío, del silencio, de la sangre coagulada, de los miembros inertes, que el hombre cubre tan pronto de tierra y de hipocresía; me parecía mejor andar a tientas en las tinieblas sin el socorro de lámparas vacilantes. […] La memoria de la mayoría de los hombres es un cementerio abandonado donde yacen los muertos que aquéllos han dejado de honrar y de querer. Todo dolor prolongado es un insulto a ese olvido.

Disciplina Augusta

«Entrenamiento regio». Cuando un maduro Adriano, pero roto por la muerte de Antinoo, construye su mito tornándolo un dios entre los dioses. Así, todas la religiones que existían en el imperio hicieron de Antinoo parte de su mitología y adoración.

Yourcenar comenta, en sus cuadernos de notas a las Memorias de Adriano, que una frase de Flaubert fue detonante para escribir la novela: «Cuando los dioses ya no existían y Cristo no había aparecido aún, hubo un momento único, desde Cicerón hasta Marco Aurelio, en que sólo estuvo el hombre».

En este capítulo Adriano hace un recuento de la tercera guerra judeo-romana. Aquí nos topamos con el personaje histórico Rabí Akiva, quien para los judíos es uno de los rabinos más influyentes con una nueva forma de interpretar textos sagrados, sin embargo, en la novela se retrata como un retrógrado instigador contra el progreso y apertura de Roma.

Bajo esa inocencia recatada y desvaída adivinaba la feroz intransigencia del sectario frente a formas de vida y de pensamiento que no son las suyas, el insolente orgullo que lo mueve a preferirse al resto de los hombres y su visión voluntariamente deformada.
Ningún pueblo, salvo Israel, tiene la arrogancia de encerrar toda la verdad en los estrechos límites de una sola concepción divina, insultando así la multiplicidad del Dios que todo contiene; ningún otro dios ha inspirado a sus adoradores el desprecio y el odio hacia los que ruegan en altares diferentes.
Natura deficit, fortuna mutatur, deus omnia cernit. La naturaleza nos traiciona, la fortuna cambia, un dios mira las cosas desde lo alto.
Pero los dioses no se levantan; no se levantan para prevenirnos, ni para protegernos, ni para recompensarnos, ni para castigarnos.

Patienta

«Paciencia» es el último capítulo. Un viejo Adriano se prepara para la sucesión y su muerte.

[…] la muerte puede convertirse en el objeto de un ciego ardor, de una avidez semejante al amor. […] la perpetua posibilidad del suicidio me ayudaba a soportar con menos impaciencia la vida. […] Volví a interesarme en la vida que me abandonaba; los jardines de Sidón, deseé apasionadamente gozar de mi cuerpo algunos años más.



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